26 septiembre 2009




El buda de los suburbios (de Hanif Kureishi) por Compactos Anagrama No sé cómo estarán las cosas ahora con el temario de la asignatura lengua o literatura que se imparte a los adolescentes. En mis tiempos (qué, ya peinamos canas?) se nos hacía estudiar unos libros deprimentes, como por ejemplo El Árbol de la Ciencia de Pío Baroja: representante puntero de una generación –ya muy lejana-. Una generación gruñona que protestaba con resignación y talento, y que sentía un malestar, una pérdida melancólica de nuestra última Armada invencible, generación perdida y desencantada, que parecía preguntarle al destino: ¿y ahora qué?, o sea: los del noventa-y-ocho maldados malhadados. Menos mal, que aparte de que siempre nos quedará París, nos llegaban los genios plateados cisnes del 27...

Soberbio libro de Baroja, pues, pero duro de roer para un adolescente. (Aquéllos dichosos golpes de la cabeza de un cadáver contra los escalones, parece que aún los escucho, ese soniquete sórdido desangelado, ese golpe rítmico de un trozo de cabeza de muerte trucu-lenta...).

Si algo busca un adolescente es aventura, aprendizaje de la vida, rebeldía positiva que tiende un inmenso arco hacia el conocimiento, más primario e importante, urgente, que el que se enseña en clase. Aprender a ser, aprender a dirigirse hacia, aprender a conocerse a través de, aprender a decir no o decir sí o decir quizá, aprender a joder. Y las hormonas con ansias, devoradoras de lo nuevo, ajenas a lo que dicen los redichos “viejales” y carca-muy-males.

¿Y qué puede leer un adolescente que se sienta identificado y enriquecido? Que le mole y/o se la ponga dur...?

Esperemos que no el American Psycho, o, La familia de Pascual Duarte (el reloj o la luna como una hostia en la pared o en el cielo...). O las elucubraciones masturbatorias en su pesimismo protestante con salvación budista de un Hermann Hesse, por ejemplo.

Pero sí recomendamos la entusiasta vitalidad adolescente del cuarentón Henry Miller, eterno Miller, santo vividor vitalista, salvaguardia del intelecto jovial y juvenil y cabroncete y egótico y eterno que todos deberíamos llevar dentro, como liberador hermano gemelo, el hermano siamés punk de la existencia. Miller y Sexo, surrealismo, escritura automática, hambre, gentes y caricaturas, sano egocentrismo, sueños y viajes, devenir por siempre joven. Así, el chaval, le quita telarañas y piojos al Boris de las convenciones, ¿por qué no?

¿Y qué tal alguna jugosita novela de Ramón Gómez de la Serna?

Eso, eso, que los muchachos lean a los sonrientes vitalistas, no a los caducos pesimistas!! Qué obsesión por domesticarles a ladrillazos de pesimismo intelectual!!

Pero es que me lío, me extiendo, QUE YO quería hablar del Buda de los Suburbios, libro estupendo para los muchachotes y los no tan muchachotes y por ende los talluditos y los más talluditos y los no tan talluditos.

Hanif Kureishi y su mordacidad juvenil Nuestro Buda suburbial es una ejemplar novela del fino y delfín alado escritor Hanif Kureishi. Con su deliciosa pluma tan hábil para hacernos las cosquillas de la complicidad y la inteligencia.

Y es que en las antípodas de la búsqueda estéril adolescente de buena parte de la obra de Hermann Hessse, nos encontramos con la esperanzadora, divertidísima y exquisita verosimilitud de la adolescencia que nos regala y retrata Mister Hanif Kureishi. (Véase también la película mítica “Londres me mata”).

El protagonista de “El buda de los suburbios” es un semi-hindú-semi-inglés amestizado adolescente, de finales de los 70, con toda la inquietud intensa, con toda la vitalidad ansiosa y con toda la perspicacia burlona e ingenua, que todo nuestro adolescente interior (el que un día será, el que es y el que fuimos y aún somos) debería ser o intentar ser, y si no es así, mala suerte, tenemos delante a un anciano prematuro...

y de paso pregunto: de qué adolece el adolescente?

Ya, que me lío otra vez... Decía que, nuestro protagonista Karim Amir, adolescente que adolece de adolescencia (dolencia común) nos llevará a través de sus ojos, su brillo, su meditabundo talante y su precoz sabiduría, por un viaje rocambolesco y divertidísimo, con una gigantesca sonrisa interior o mofa directa, incluso cinismo bienintecionado. Y con llegada a “buen puerto” incluido, rito de iniciación concluido, el niño se hace hombre eligiendo un camino de entre miles, a través de una novela de desarrollo en espiral.

Se trata de la puntual mirada de un joven capaz de hacernos ver que el mundo “de los mayores” no es menos ridículo en absoluto que el mundo de los volcánicos adolecedores de ahíta adolescencia. Y que no media tanta distancia como creemos entre tener 40, 15 o 22 tacos.

Kureishi parece decirnos a través de la palabra de Karim que no se pierde la juventud, la juventud se encuentra, lo que se pierde es la lucidez crítica y la capacidad de reirse de uno mismo y el entusiasmo-sufrimiento por aprender.

Pero es que Kureishi es un genio, al revelarnos (y devolvernos) el mundo visto por los ojos de la intrépida y molesta arrogancia adolescente (la que seremos, la que somos, la que fuimos y volveremos a ser). Que se lo digan a Karim, a Miguelito, al Pirulas o al niñato Palomo o a los quinceañeros del hip hop de la ciudad-dormitorio o ciudad-extra-estado: qué absurdos son los adultos!!

Así Karim, nos va relatando su divina galería de personajes cercanos y familiares con sus transformaciones o evoluciones respectivas y particulares:
el veleidoso Charlie corriendo en pos de la fama peterpanesca a la última moda y así la supervivencia el sentido de la vida ser lo contrario de mediocre o morir /
el padre abandonado y abandonando sus raíces en pos de la mujer de lo más in e inteligente y optimista la yuppi artista de un solo pecho /
el mendicante Changez híbrido glotón gordinflón man-muñón esperpento de niños ricos emigrados /
la hombruna joven Jamila alma mater de la suprema hembra independiente e independentista ella se lo monta sola o con quién le da la gana /
la enajenación del tío en plena huelga de hambre por un capricho contrageneracional contrarrevolucionario contracorriente contradique /
y... y... y...

o, el gustosísimo capítulo en que asistimos a uno de los primeros conciertos punkies de la historia...

El buda de los suburbios, pues, nos entretiene y nos sublima, nos interroga y nos contesta acaso con otra pregunta mejor, nos admira y nos transpira.

Es un libro para todas las edades, porque, entre sus páginas, todos aprendemos a recordar que somos, a la vez, niños, padres, hermanos, adole-iridiscentes, madres, ancianos, fetos y espejos atemporales de todos los demás y por lo tanto de nosotros mismos. Y cómo no: esta inmensa verdad, sólo puede revelárnosla un adolescente, el niño hermoso, el efebo ardiente, el hombre que crece desde sus huesos y sus activas conexiones neuronales.
O mejor dicho, el adulto rapaz, el adulto que no envejece, el adulto Kureishi que nunca olvidó la flor más sangrante y re-productora de su iluminada juventud.

Que el joven mire al hombre y que el hombre mire al joven. Lo grotesco es negar nuestra multiplicidad de edades, contradicciones y posibilidades. Qué bien saben esto los jóvenes. Y qué bien nos lo cuenta Karim versus Kureishi...


autor: pepeworks

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► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com . Se agradece la visita!
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2 comentarios :

  1. Hola, quizás os interese saber que tenemos una colección que incluye el relato 'Strangers When We Meet' de Hanif Kureishi en versión original conjuntamente con el relato 'NippleJesus' de Nick Hornby.

    El formato de esta colección es innovador porque permite leer directamente la obra en inglés sin necesidad de usar el diccionario al integrarse un glosario en cada página.

    Tenéis más info de este relato y de la colección Read&Listen en http://bit.ly/nrWFVI.

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  2. Pues muchísimas gracias por la información. Tomamos nota! :D

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