12 octubre 2009





Siempre me embrujó este tema de The Cure, y más en esta versión en directo de 1986, el emblemático concierto “in orange”, donde the cure lo dio todo, donde un grupo joven, con ya una abundante producción en sus haberes artísticos, desde unos inicios post-punk-posmoderno, demostraba que el rock puede ser sinfónico sin sicodelia artificial, y que se puede hablar de amor sin ser comercial ni ortodoxo.

“Piggy in the mirror” parece la crónica de un desastre, lo inevitable que se cierne en un ensimismamiento peligrosamente melancólico. Y es un grito lento y hermoso. Una cadencia que picotea como la lluvia y cala en el corazón.

Pero la música te va arrastrando lánguido y te embelesa y has rozado lo sublime, algo inexplicable, pero concreto como un ocaso de un mes de agosto, cerca de una Antártida muy cálida. Quizá una lágrima que quema.

Y Robert Smith está bellísimo y delicado, como nunca, con genial brillo de malicia inocente, gesto rozando la gracia de una turbadora geisha.

Muerde el dedo, enroscándolo en el labio y verle produce un dolor sensual delicioso. Espectacular, Smith, en su contención, en el mínimo gesto de lúdico enfant terrible con chaqueta grande.

Piggy in the mirror, qué codiciado frenesí.


autor del artículo: pepeworks

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► web de escritor: www.josemartinmolina.com
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