23 abril 2010




Novela Penetraciones: entre el erotismo y el humor (por josé martín molina)


El canario amarillo... Por cierto que esto del canario me trae algo a la memoria, que no viene al caso, pero se me antoja escribirlo. Me acuerdo de hace unos cuantos años, yo salía de la adolescencia -y ni siquiera ya por aquel entonces iba a la playa con mis padres- y viajaba con un buen puñado de amigos locos a la playa, todos eran mayores que yo.

Había un tal Aitor, vasco, intenso como un trozo de carbón ardiendo, delgado y vivo como una salamandra, que devoraba con ojos asesinos y palabras crueles todo lo que percibían sus sentidos. Sus ojos daban miedo, eran unos ojos iracundos de chacal acosado por un soplete.

Íbamos a la playa, creo que a Granada. En el coche hacíamos todo tipo de planes, todos encaminados a satisfacer nuestros radiantes impulsos sexuales. Nos peleábamos sobre quién sería el primero en tumbarse a una andaluza con ojos de leopardo. Empezamos a fantasear de tal manera que antes de llegar nos habíamos tirado a media Andalucía. Al Aitor le dio por ponerse a desvirgar niñas de trece años bajo los muros de la Alhambra, ya estaba pensando en usar su maquinilla de afeitarse su ruda barba para depilarle el pubis a toda hembra que tuviese más de quince años. En ese momento paramos el coche para mear, estirar las patas y eructar un poco.

Pues bien, de repente Aitor nos cuenta que tenía un amigo que se llamaba Escroto, y que el tal Escroto tenía un canario negro negro negro, era fantasmagórico el pájaro, era como un trozo de mierda seca negra metido en una jaula, tan negro como el agujero del culo de un escarabajo, una auténtica cagarruta negra, pues eso, Aitor nos pregunta:

-¿Sabéis cómo se llama el pájaro del Escroto...? -hace una pausa para generar la espectación suficiente y de repente chilla histérico-:

- ¡¡Dios!! ¡¡se llama Dioooooos!!

Inmediatamente Aitor se deslizó en una de sus vertiginosas verborreas incandescentes y fieras en torno al famoso Escroto y su negraco pájaro llamado Dios.

“Qué hijo de la más grandísima puta que es el Escroto. Tendrías que conocerle, el muy maricón se compra un canario para atormentarle. Le racanea el alpiste, le echa gapos en toda la geta, al pájaro, el muy cabrón, en vez de agua le echa ron en el canalillo. Un día llegó borracho, puso la jaula en el suelo y se meó en su canario negro. El pájaro piaba tan alegre. Le dieron ganas de cagarse encima del pajarraco. Menudo cabronazo. Para mí que el canario no era negro al principio, que lo metió en el horno confundiéndolo con un pollo desplumado comprado en cualquier pollería o lo metió en el microondas o algo así y por eso se quedó negro, chamuscado como un trozo de madera. Y va y le llama Dios, su pájaro Dios y se mea en él y en vez de alpiste le pone serrín y el canario se lo traga igual. Llegó a tirarle las colillas al pájaro. Y el pájaro Dios las picoteaba tan contento como si fueran gusanos. Otro día le ató el pico con un alambre y el gran pedazo de bastardo del pájaro Dios estuvo diez días sin comer ni piar y ni aún así la palmaba el dichoso canario. ¡La hostia bendita! El pájaro resistía tanta putada mejor que un escorpión. Y el Escroto estaba tan orgulloso, últimamente planeaba rociarle gasolina a su canario y prenderlo fuego para ver qué coño hacía el pájaro, más negro no se iba a volver, eso desde luego...”

De esto hace años ha, años ha; no sé qué habrá sido del furibundo Aitor, pero a tantos años -¿milenios?- de distancia, me pregunto si tiene gracia el asunto del pájaro del Escroto y tampoco sé por qué me ha venido al magín semejante historieta, pero recuerdo que en su momento me reí tanto que se me desencajó la mandíbula y tuve que arreglarla con una llave inglesa.

También con la risa se me escapó un sonoro pedo. De todas formas, aquel pedo me lo hubiese tirado de todos modos, ya que entre nosotros, salvajes adolescentes medio pirados, había la suficiente confianza para comportarnos como auténticos puercos indolentes. En cualquier caso el Escroto y su canario quemado Dios me parecen de lo más mitológico, figuras como Cronos, Aqueronte o Hestia.

Y bajo el telón de la mitología del pasado. Cierro el paréntesis acerca de los dueños de pájaros llamados Escroto y similares, es más sustancioso hablar de la mitología femenina de carne y hueso y estrógenos...

extracto perteneciente a la novela “Penetraciones” (© libro registrado en la sociedad general de autores)

Penetraciones: Una novela del escritor José Martín Molina

¡La novela Penetraciones del escritor José Martín Molina ya está a la venta! Tanto en formato libro como en formato eBook.

ver más información sobre la novela Penetraciones
ver más extractos de la novela Penetraciones


Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com . Se agradece la visita!
Related Posts with Thumbnails

2 comentarios :

  1. Esta historia me ha parecido una mierda y así te lo digo. No soporto la crueldad, ni la medianamente necesaria, ni la gratuita. No soporto a las cuadrillas de gilipuertas que se reunen para hacer salvajadas, amparándose en que son jóvenes y alocados. La sensibilidad se tiene o no. Malo es quemar a un canario, atarle el pico y todo éso. Tan malo es inventarse una historia semejante para hacer reir y pasarlo bien?¿?¿

    ResponderEliminar
  2. Pues fíjate que yo mismo tuve mis dudas en si incluía esta parte o no en la novela. Pero me decanté por no censurarme.

    Lo curioso es que no me he inventado lo del Escroto y su pájaro negro llamado Dios, eso sí, algo exageradas las putadas de que era objeto el pobre bicho.

    Y sí, conocí muchos chalados cuando aún era un niñato. Y las historias aquí reflejadas son naïf en comparación con otras vividas en compañía de semejantes sujetos descerebrados. Como una dichosa carrerita de coches, con accidente peligrosísimo incluido, varias vueltas de campana y todo, del que salimos milagrosamente ilesos, aunque eso sí, el coche recién comprado hecho papilla. O en el coche de un armenio muy armani que se saltaba todos los semáforos en rojo de la castellana. O el día que nos persiguió la policía local de Mazarrón, aunténtica persecución de coches estilo hollywood...

    En fin, vivir para contarlo...

    ResponderEliminar