13 mayo 2010




Décima entrega de Penetraciones - novela de JMM


Y ya que hablo de cosas negras, prefiero seguir departiendo acerca del coño de Rosa, negro y rizado como los pliegues de un acordeón.

La verdad es que lo echo de menos. Un buen coño es como una brújula, en cuanto le pierdes la pista, ya no sabes ni por donde sale el sol. Y su almejita es una portentosa mina de jugos; en cuanto la estimulas un poco no para de chorrear y estar húmeda, se la puedes meter todas las veces que quieras, siempre está dispuesta y jugosa, parece que tiene una batería instalada cerca del ombligo que la hace lubricar constantemente.

Y entonces empieza el aerobic, cambias y cambias de postura, te corres en el preservativo, arrojas la goma debajo de la cama, te limpias un poco con las sábanas, te fumas un cigarrillo, le sigues tocando el culo o las muñecas o el cuello, tienes otra erección y sencillamente la metes. Es tan fácil como pegar sellos. Siempre dispuesta, siempre preparada. Basta con que le soples en el cabello para que se excite como una locomotora sin conductor.

Pero, oh, hay una pega -¿o es una virtud?- : el problema es que ella no se corre nunca. Nunca se ha corrido con un tío. Lo cierto es que tampoco tiene mucha experiencia de fornicio, aunque luego tiene mucho instinto. Desde luego no ha agarrado muchas pollas, a lo sumo media docena, pero sabe muy bien para lo que sirven y lo que se hace con ellas.

Se me ocurre que sencillamente no se permite orgasmar delante de otra persona. Ella sola, en privado, sí. Para mí que es una cuestión de egotismo y de vergüenza, de pudor fatuo, como si estuviese prohibido para ella terminar de perder el control delante de otra persona. Esto quizá provenga de una educación semicatólica -y Rosa es muy obediente con sus papás- que consiste, dicho en burdo, en definir a la mujer que goza hasta sus últimas consecuencias como una “guarra indecorosa” o algo así. Una especie de ablación moral que proviene de la religión. Aunque éste razonamiento parezca pueril y seguramente lo sea, no por ello carece de una pizca de veracidad. Por lo demás, ya se sabe, que a veces, la sombra de los padres ejerce una especie de control telepático.

Pero, esto son meras teorías, cualquiera sabe la raíz, el motivo oculto de su presunta anorgasmia. Quién sabe, lo cierto es que cada vagina tiene sus caprichos.

extracto perteneciente a la novela “Penetraciones” (© libro registrado en la sociedad general de autores)

Penetraciones: Una novela del escritor José Martín Molina

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1 comentario :

  1. Si te lo hacen bien, durante el tiempo necesario, es dificil no tener un orgasmo. Como no sea que hayas tenido un trauma por alguna razón. Si no es así, un buen trabajo produce buenos resultados. A veces se necesita tiempo.

    Y es cierto que, en general, se piensa que una mujer libre y deshinibida es una puta. Solemos decir que no, pero profundizando con sinceridad en nuestro interior, veremos que casi siempre es que si.

    Saludos. Interesante y excitante esta parte de tu blog.

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