21 mayo 2010




Penetraciones (novela, capítulo 11)


Es alucinante la autonomía que tienen las vaginas. No es sólo cuestión de que un buen mango esté dentro. Tópico topiquito. No. Está el tamaño, está la forma de mover el chisme, está la velocidad, está la postura, está el clima de confianza, la sintonía de los líquidos, está si te pareces a Richard Gere o al pecho lobo de Roger Moore, etcétera etceterando, una larga infinidad de diferencias que en cada vagina provocan una cosa u otra. Ésto, refiriéndonos explícitamente a la penetración. Y a veces ni eso, porque ciertas vaginas parecen abominar de la penetración. A este grupo pertenecen las vaginas disidentes.

En el caso que me ocupa, por ejemplo, si yo me pongo encima y ella debajo abierta de piernas a lo misionero no siente prácticamente nada cuando yo ya estoy con los ojos del revés, hincándola frenético y sumiéndome en un placer de remolinos en espiral; pero si atraviesas a Rosa a cuatro patas se pone loca loca loca; entonces la liamos, porque de verla tan bruta mientras la cabalgo y le doy algún azote en el trasero, enloquezco yo y ya no hay remedio, me corro echando hostias. No puedo controlarlo. Una vez eyaculado se esfumó el camino hacia su orgasmo, porque, para más inri, para ella el único camino viable hacia su orgasmo es el coito, se niega –no entiendo por qué– a obtener la misma meta a través de un cunilingus, pongamos por caso. Así, una vez eyaculado, yo me relajo y la dejo a mi lado desesperada, babeando viva por la vagina, ansiosa como una gata en celo a la que has frotado con un lapicero.

Y ya no hay descanso, te la empieza a tocar y a chupar, no te deja que la minga tenga su necesario desarrollo de latencia, ni siquiera los cinco minutos mínimos de cortesía. Mi picha quiere descabezarse un sueñecito y ella llama a los bomberos si es preciso para que mis huevos se llenen ya mismo de leche. Hombre, ten un poco de paciencia, amor.

Lo cierto es que tampoco me hace falta mucho tiempo de recuperación con ella, porque me pone cachondo ipso facto. No sólo está el sabor a regaliz rosa de su coño, sin ir más lejos están también sus tetitas, que huelen a leyenda de vírgenes vestales. Me puedo embriagar con ese olor que emana de sus pequeños pechos como si tomase absenta. Y toda su piel: no puedo parar de tocarla.

extracto perteneciente a la novela “Penetraciones” (© libro registrado en la sociedad general de autores)

Penetraciones: Una novela del escritor José Martín Molina

¡La novela Penetraciones del escritor José Martín Molina ya está a la venta! Tanto en formato libro como en formato eBook.

ver más información sobre la novela Penetraciones
ver más extractos de la novela Penetraciones


Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com . Se agradece la visita!
Related Posts with Thumbnails

1 comentario :

  1. Dicen que es cuestión de afinidad o no, como en casi todo. También es un tema de dedicación al placer del otro para acrecentar el propio, ponerlo en el disparadero y después aprovechar para terminar la faena con una buena estocada.

    Hay un argumento que suele inclinar la balanza hacia el gusto de los caballeros, en posturas y otras particularidades, y es ese de : no te muevas tanto que me corro, no así no, que de esa forma me voy enseguida, querida que bien lo haces, no puedo aguantar más ... lo siento.

    Cuando eso pasa una desearía salir al balcón pidiendo a gritos un mozo bien armado dispuesto a terminar lo que han dejado a medias. Porque, en general, repetir a los cinco minutos suele ser dificil, sobre todo si se van peinando canas. Casi siempre el Paris de turno pierde todo interés nada más quedar satisfecho. Y se duerme.

    Buen relato.

    ResponderEliminar