13 julio 2010




novela Penetraciones - seguimos con Rosa


Al final, aunque seguía sin serenarse, decidió no probar los límites de mi paciencia y dejó de tocarme literalmente los cojones. Y me dormí tan plácidamente, en cuestión de segundos. La verdad que el polvo me había dejado el ánimo arrasado y pacificado como un nenúfar flotando en un estanque. Más plácidamente incluso y en concreto... por haberla dejado así de atropellada. Me sentía como un sultán, obeso y holgazán, con el apetito satisfecho, ignorándola y habiéndola dejado a medias.

Ella quizá se levantó y se metió en la raja algo cuidadosamente escogido en la cocina para calmarse, quizá la batidora quizá una botella de vino, quizá un buen trozo de salchichón, mientras yo roncaba como un brontosaurio. Lo que sí sé es que ella no pegó ojo y estuvo sin dormir porque el angelito estuvo pendiente de no quedarse dormida para poder despertarme a su debido tiempo y que yo no me quedara dormido. Además me preparó el desayuno. Todo un detallazo.

Son detalles que pueden hacer que te entren unos deseos irrefrenables de casarte con alguien. Es una buena chica, ¡quién lo duda! Podría enamorarme de ella, si no supiera que es como enamorarse de un desaforado atún. Podría amarla intensamente si no fuera porque no se da cuenta de que existe más gente aparte de ella. Y es que si yo soy egocéntrico, de ella se podría decir que es heliocéntrica.

Ni se imagina que cuando dos personas se unen, en realidad lo que hay es tres “personas”. Rosa, yo y “la relación”, es decir, lo que hay entre los dos, que es otra personita, con sus caprichos, sus voluptuosidades, sus necesidades, su carácter. Hay que cuidar las tres cosas. Por ejemplo: puede darse el caso un día de que ni a ella ni a mí nos apetezca vernos, pero hay que hacerlo por la relación en sí, si no queremos que se vaya a pique.

A Rosa sólo le importa lo que siente ella; mientras yo le diga cosas bonitas (que se las prodigo a raudales debido a su ávida predisposición a oírlas) y se la meta lo necesario para calmarla, todo funciona estupendamente.

No se le ocurre pensar que cualquier día aciago me pueda sentir deprimido o que no tenga ni pizca de ganas de decir cosas bonitas. O que cierta noche mortuoria me baste con un polvete rápido y sanseacabó, luego a dormir.

extracto perteneciente a la novela “Penetraciones” (© libro registrado en la sociedad general de autores)

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