27 noviembre 2010




Penetraciones: Piggy la Estrábica y sexo vampírico
Novela: Penetraciones (21): Piggy la Estrábica (III)


Pero no conviene olvidar que hasta el peor de los desechos humanos siempre tiene algo salvable. Y con Piggy nunca me arrepentiré de la extrasuavidad de sus muslos internos, la fragancia táctil de su culo, como ya he señalado, ni por supuesto de un par de buenos polvos bien echados, borracho y todo. Pero todo lo demás... se lo regalo a mi peor enemigo, para que aprenda entre otros disgustos, lo que significa que alguien te chupe la sangre literalmente.

Porque Piggy es del caracter vampiro-chupóptero, de los que te chupan las energías y te agotan y te aniquilan como si te rociaran con un insecticida gigante.

Después de estar sólo dos horas con ella me sentía anímicamente como si me hubiesen pasado por encima veinte carretas cargadas de barriles de cerveza.

Su vampirismo rebasaba límites insospechados: sucedía que la echabas un polvo o dos satisfactorios y después te dormías igual que un bebé, bien comidito y bien folladito, los huevos felizmente descargados. Y al día siguiente, inexplicablemente, tenías un dolor de pelotas insoportable. Te levantabas con las bolas hechas papilla y no entendías nada. ¿Cómo era posible tener los huevos tan hinchados y locos por reventar si antes de dormir los vaciaste divinamente? No cesaba de hacerme esta pregunta tras dejar a Piggy a la mañana siguiente, apretujándome los huevos con un dolor tan semejante a cuando te dan un balonazo en la entrepierna.

Y una noche voy y lo comprendo: Estoy durmiendo como un lirón recién nacido, los huevos bien aliviados, ella a mi lado en el camastro. De repente me despierto un poco porque algo me molesta, como cuando te tiran de un pie mientras duermes. Y descubro, medio dormido aún, que ella tiene mi polla en su mano, que la acaricia y acaricia sin cesar. La tengo dura a reventar, tanto que es de estas ereccciones tan dolorosas que parece que el pene se te va a desgajar del cuerpo y salir disparado como una bola de cañón hacia otra galaxia.

Estoy dormido y quiero dormir, así que me sacudo su mano, pero entonces Piggy me la vuelve a agarrar, como si dentro de mi verga hubiera un imán. Vuelvo a sacudirme su mano, bastante molesto aunque prácticamente dormido. Entonces ella me confiesa que le gusta tocarla toda la noche, mientras se va durmiendo y luego también mientras duerme... ¡No te jode! Por eso me levanto como me levanto. ¡Si se pasa toda la noche sobándome la polla! Y luego cojo el metro y me tiemblan las piernas del intenso dolor a huevos machacados y torturados. Mahonesa proteica de huevos hechos puré...

extracto perteneciente a la novela “Penetraciones” (© libro registrado en la sociedad general de autores)

Penetraciones: Una novela del escritor José Martín Molina

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