18 enero 2011




Edición del El País (serie negra) de El signo de los cuatro, de Arthur Conan Doyle, novela del detective Sherlock Holmes Sorprendente: ¡Sherlock Holmes es un yonki! Siempre tenemos asociada la flemática imagen de la pipa humeante al famoso detective anglosajón. Pero “verle” inyectarse cocaína, no parece lo más ético en un héroe de ficción. Desde luego en dibujos animados o cómics inspirados en sus aventuras, no le encontraremos chutándose tan alegremente.

Pero en la novela “El signo de los cuatro” [ver eBook] de Arthur Conan Doyle [ver biografía], publicada en 1890, en el primer capítulo (“La ciencia del razonamiento deductivo”) y ¡en el primer párrafo!, es decir, lo primerísimo que leemos, asistimos al chute de cocaína rutinario de Sherlock Holmes (“en disolución al siete por ciento”, como le explicará unas líneas más adelante el mismo Holmes a Watson):


Sherlock Holmes cogió su botella del ángulo de la repisa de la chimenea, y su
jeringuilla hipodérmica de su fino estuche de tafilete. Insertó con sus dedos
largos, blancos, nerviosos, la delicada aguja, y se remangó el puño izquierdo de
su camisa. Sus ojos se posaron pensativos por breves momentos en el musculoso
antebrazo y en la muñeca, cubiertos ambos de puntitos y cicatrices de las
innumerables punciones. Por último, hundió en la carne la punta afilada,
presionó hacia abajo el minúsculo émbolo y se dejó caer hacia atrás, hundiéndose
en el sillón forrado de terciopelo y exhalando un largo suspiro de satisfacción
.

Esta operación, según ha observado el doctor Watson, que es el narrador de la historia, la realiza Sherlock Holmes tres veces al día, desde hace muchos meses. Según le explica el detective, suele inyectarse coca (se sugiere que también se inyecta morfina) cuando se aburre, cuando no hay alicientes intelectuales, grandes urdimbres detectivescas que desarrollar… Con respecto a los efectos secundarios del abuso de la droga le “resultan pasajeros”, obviables, prescindibles, ya que encuentra que la coca “estimula y aclara el cerebro de una forma trascendental”.

Ignoro, si esta adicción es contínua a lo largo y ancho de las novelas que escribió Conan Doyle sobre el personaje de Sherlock Holmes, o si este vicio “intelectual” se menciona sólo en su obra El signo de los cuatro. Como también ignoramos si ahora que está a punto de comenzar un nuevo enigma que resolver, nuestro autosuficiente detective, saliendo del letargo de la inactividad lógico-racional, dejará la costumbre estimulante de pincharse en vena, como parece sugerirnos él mismo… Entonces, no hablaríamos de un yonki puro, sino de un yonki ocasional, una especie de eventual adicto voluntario... Y hablaríamos de alguien con una casi inhumana fuerza de voluntad, claro, que no padece los terribles efectos del mono, o al menos, capaz de combatirlos eficazmente mediante la gimnasia mental… Misterio que habremos de resolver, de la mano de Watson, en el devenir de las páginas y los capítulos.


(autor: pepeworks / josé martín molina)

temas relacionados:
- ver más de Sherlock Holmes
- ver más sobre la novela El signo de los cuatro
- ver más sobre Arthur Conan Doyle
- ver cronología de la literatura del siglo XIX: 1890


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► web de escritor: www.josemartinmolina.com
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