25 febrero 2011




Dioses y héroes de la antigua Grecia, de Robert Graves, editado por El Mundo, colección Millenium, con prólogo de Ramón Irigoyen Leyendo “Dioses y héroes de la antigua Grecia” [ver online] de Robert Graves [ver biografía], en el primer capítulo “El palacio del Olimpo”, nos encontramos con un párrafo que no deja de parecernos muy revelador acerca de un evidente paralelismo:


En la sala del consejo, los dioses del Olimpo se reunían de vez en cuando para tratar asuntos relacionados con los mortales, como por ejemplo a qué ejército de la Tierra se le debería permitir ganar una guerra o si se debería castigar a tal rey o a tal reina que se hubieran comportado con soberbia y de forma reprobable. Pero casi siempre estaban demasiado metidos en sus propias disputas y pleitos como para ocuparse de asuntos relativos a los mortales.

Así, como los dioses del Olimpo, nuestros políticos (los políticos), lo que llamamos “clase política” (quizá debido precisamente a su “separatismo”), pasando olímpicamente de los problemas, cuitas y descalabros del resto de los mortales ciudadanos. Aislados, voluntariamente, los políticos, en su burbuja de poder, en su panacea celestial encubiertamente dictatorial, preocupados (y demasiado ocupados como para solucionar nuestras insignificancias) por sus campañas electorales, el continuismo en el poder, los pingües negocios que puedan rentar sabrosa e impunemente, subiéndose el sueldo cómo no, patrocinando con dinero público sus propios piramidales partidos, multiplicando y alargando los tentáculos del pulpo estatal hacia el monopolio intelectual-cultural-social, peleándose entre ellos y buscando la manera de desacreditar y joder a su vecino dios-político, autocomplaciéndose en el aristocrático espejo de las fáciles y hábiles promesas que no cumplirán…

Y la casa, la casa de todos, la casa que les dimos para que la gobernaran en nuestro nombre, la casa, nuestra casa, una enorme casa llena de ciudades, una casa multirracial donde coexistimos millones de seres humanos, la casa pública, ajena al esplendoroso y reluciente y distante palacio del Olimpo de los congresos, esa casa, sí, la casa, nuestra casa, la que tenemos hasta que nos deshaucien, nosotros pobres mortales, pues eso, que la casa sin barrer, descuidada, desconchada y saqueada.

Ayer como hoy. La clase política: una epidemia egocéntrica y ególatra que llega desde tiempo inmemorial con inevitable círculo vicioso hasta nuestro siglo XXI.


(autor: pw / josé martín molina)

> ver online Dioses y héroes de la antigua Grecia, de Robert Graves
> ver biografía de Robert Graves

> ver más Epidemias del siglo XXI
> ver la campaña NoLesVotes
> ver: La política es un negocio muy lucrativo


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► web de escritor: www.josemartinmolina.com
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