29 abril 2011




El sueño de la persecución de las motos del equipo rojo por las calles nocturnas de Madrid
Perseguido por el equipo de las motos rojas

[...] Se supone que una vez fuera del recinto estoy a salvo de los de seguridad, pero no. Resulta que su intención es seguirme persiguiendo a lo largo de las calles. Puedo zafarme de tres, cuatro, cinco, no entraña mucha dificultad, pero... van viniendo más y más perseguidores y más y más, se podrían contar hasta cientos, vienen corriendo de todas partes desde lejos y vienen acercándose velozmente hacia a mí. Hay que huir a toda leche, si me cogen la paliza entre tanta gente me dejaría medio muerto o muerto del todo, con bastante probabilidad. Empieza la enorme persecución por las calles aisladas y nocturnas de Madrid. Ahora todos mis perseguidores (yo la liebre atosigada) van vestidos de rojo, como un equipo deportivo o algo así. De repente me siguen todos en motos, unas motos extrañas, muy anchas, casi como si fueran un sidecar en una sola pieza, o como motos de agua, quizá con cuatro ruedas, motos-tanqueta. Y todas las motos son rojas, como sus jinetes fortachones. Aunque ahora me acosan en sus motos y yo voy a pie, no terminan de alcanzarme, aunque cada vez se aproximan más peligrosamente.
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barca en la playa, vacaciones en el mar, lo he soñado y lo soñamos muchos
De vacaciones en la costa

Estamos de vacaciones, Eva y yo, en plan matrimonio de vacaciones, playa o zona costera indefinida, pero turística (aunque no se verá el mar nunca durante el sueño), en un enorme bungalow. Nos levantamos, planeamos lo que hacer, muchas cosas que hacer, ir a ver a no sé quién, preparar equipajes para hacer un viaje. Todo lo planteamos con calma, sin estrés. Quizá damos un largo paseo, pero puede que fuera antes o ayer. Y es el caso que sin saber cómo se nos pasa el día y de tan tranquilos como estábamos, justo ahora parece que estoy sentado a una mesa, escribiendo con calma o algo así, ya no llegamos y ahora hay que correr, hemos quedado. Puede que hiciéramos el amor Eva y yo, pero no lo recuerdo, al principio del día. (Es curioso, se trata de Eva, pero aparece desdibujada en el sueño, sin contornos fijos, pero es Eva, su presencia). Ahora me estoy duchando, ¿Eva está quizá con Amador? Llega gente al bungalow, ¿quizá mi padre?
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fragmento de la obra Crisálida de hombre durmiente II, de la pintora Eva Román, retrato del autor - haz click sobre la imagen para ver el cuadro
Chez Javier & Mi padre se hace taxista

Me voy a casa de mi amigo Javier Fernández Aracama, mi hermana se queda en casa. Iré en taxi, es de noche. Por el camino me escribiré dos poemas cojonudos. Más que recordar que los escribo, digamos que los he escrito, como de repente. LLego a casa de Javier. Estamos en su habitación, que resulta ser toda la azotea del edificio, con el cielo nocturno sobre nuestras cabezas. Javier agarra un libro de los que tiene diseminados por los extremos de la azotea, un libro al azar y me lee parte de su contenido, abriendo así mismo una página al azar. Creo que le leo uno de los poemas que acabo de escribir. El caso es que la conversación con Javier no me interesa mucho. En breve empezará el partido de fútbol de la Selección Española. Ahora estamos Javier y yo en la cocina, está la madre de Javier, uno de sus hermanos, parece que hay una vecina con la madre, de pronto me tiro un erupto medio tragado y acto seguido otro erupto, más sonoro. Nadie parece inmutarse, nadie debe haber oído mis regüeldos, pero no es así, el hermano de Javier (no sé si Santi o Mario) me hace una seña discreta de amonestación por mis eruptos. Va a empezar el partido. Estoy ansioso, llevo todo el día deseando ver el partido de la Selección. Pero resulta que Javier me da a entender, en el salón, su familia ante la tele, su padre repatingado en el sofá, que no es de agrado que me quede a ver el partido con ellos.
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atrapado en la jungla, soñando con la vida salvaje en cautividad
Naufragio en la jungla

Estoy narrando a alguien o a un público abstracto, como si fuera una entrevista en la televisión o algo parecido, mis experiencias en una jungla en la que me vi aislado, como si se tratase de un naufragio. Todo lo que se irá viendo en el sueño es como un documental, con mi voz en off, explicando, más o menos cronológicamente, lo que me fue ocurriendo en la selva en la que caí como del cielo. Por lo tanto, en el presente del sueño estoy contando el pasado que viví o fui viviendo. La jungla en la que caí estaba delimitada como por muy altos altos muros (por lo demás invisibles, pero presentes), más altos que los mismísimos árboles (una enorme maraña de árboles gigantescos y con inmensas ramas que prácticamente tapaban el cielo), con lo que era imposible salir de aquel entorno salvaje. Y ese trozo de selva en el que viví, cercado y aislado, parece que durante bastante tiempo, cohabitando con todo tipo de animales salvajes, no era mucho más extensa que un gran salón perfectamente cuadrado de unos 80 metros cuadrados.

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Las entradas de cine, unas entradas extrañas e ilógicas
Las entradas para el cine

Con la intención de animar un poco a Javier Fdez. Aracama, compro entradas para el cine. Pero pasan cosas extrañas con estas entradas. Para empezar compro 4 entradas, para Eva, para mí, para Javier y... ¿para quién es la cuarta? La idea parece que es ir en parejas, pero Javier no tiene pareja. Y luego resultará que tengo sólo 3 entradas, cuando al cine iremos sólo 2: Javier y yo. ¿Qué pasa con la tercera persona? Pero lo más raro es que en sí, por una ilógica del sueño, las entradas no valen para nada. Es decir, las entradas hay que comprarlas antes, por la mañana, ya que vamos a ir al cine por la tarde, a primera hora de la tarde. Pero si la película empieza a las 4 de la tarde, las entradas no son válidas hasta después, o sea, a las 4.30. A no ser que se vaya al cine antes de las 11.30 de la mañana y ya es más tarde, pueden ser las 12 y media, o la una. Con lo cual no sabemos si vamos a poder entrar a ver la película, a pesar de tener las entradas compradas ya. Las entradas se las he comprado a la portera de un inmueble, en la calle, que también aparte de cuidar el portal del edificio, vende entradas legales de cine y es la que me explica todo este cacao que no hay quien entienda. En fin. Lo intentaremos a pesar de todo. Se ve por una pequeña cámara, como de infrarrojos en blanco y negro, como ya hay gente ocupando butacas en el cine.
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com . Se agradece la visita!
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