09 mayo 2011




A veces un poema se escribe solo, desenrolla su música y su sentido de un tirón, va surgiendo, sin asperezas, como la serpiente de su huevo, con una limpieza fluida y casi pegajosa. PERO luego se queda huérfano de título. Quiso ser y nació fácil, pero no nos indicó su nominativo, cómo ha de llamarse. Qué encasillamiento de escasas palabras lo define.

Y lo leemos, lo releemos, recorremos sus contornos de agua y nos mojamos en su esencia, mas no, no se llama, no se titula, no nos surge, se evaporó la inmediata inspiración. Y nos estrujamos los sesos por encontrarle su título resplandeciente. Sólo resta añadir el último fundamental detalle, el nombre, el resumen de lo que es o quiere significar(se), para cerrarlo, mostrarlo dentro de su perfecto estuche literario y...

Pero cómo dejarlo innominado?, Cómo resignarse a que sea un poema ausente del clasificador nombre? Condenado a ser criatura lingüística descatalogada de indicativo? No, no, no-no-nononooo. Antes lo casual, el gesto eficaz y arbitrario, el título siempre resultón que nada en concreto dice, porque contiene dispares rumbos y posibilidades y se amolda a muchos guantes. Un color, una inusual conjunción de dos palabras que ni definan ni empañen ni fulminen al poema. ¡Pero que no molesten! Ya sólo se trata de eso, que el título no nos joda el poema. LLevamos demasiado tiempo y no nos ilumina el susurro espontáneo del nombre secreto. In nomine Patris, o sea, el lío padre.

La pregunta es: los poemas necesitan título o somos nosotros los que necesitamos imponérselo. Así Como decimos "mesa", "cáctus", "frío", "hoy es domingo". El letrero, el cartelito, el titulito, el rotulito, el sello, la marca de fuego en el lomo blanco de la hoja de papel.

Y nos está quemando este vacío rompecabezas de las precisas palabras lapidarias que contienen y definen esencialmente los desmembrados versos... Sí, a seguir buscando, a seguir husmeando la pista del huidizo encabezado, te llamaré Viernes, te llamaré La Vía Lactéa, te bautizaré Perséfone, te designaré Blanco o Baco, te llamaré Usura, Clausura, Tersura, te enmarcaré en un trapecio versátil, te incrustaré en tu fabuloso nicho atemporal, pero lo que sea, pero que encaje, que no incordie, que no despiste, que no traicione, que no me desespere. Te pondré tu collar, cabrón. Sigo. Sigo buscando. Se admiten sugerencias. Se siguen admitiendo sugerencias. No, ese título ya se me había ocurrido. Otro. Dime otro. Otro más. Tampoco. También. Tampoco. No, tampoco... ¿Algo más? ¿Alguien más?


autor: pepeworks / josé martín molina
publicado previamente en Un laboratorio indecente


Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com . Se agradece la visita!
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