11 julio 2011





Como quien dice ayer, ante la ritual (última) cena del día, al filo de la media noche, vencido de agotamiento, haciendo el riguroso zapping televisivo, a la búsqueda de las imágenes que habrían de entretener las funciones mecánicas de los molares masticando los filetes de lomo de cerdo, sentado en el sofá, sentado en lo que hemos dado en llamar "el centro del universo", puesto sagrado en el que hay que sentarse de una manera muy explícita y característica, vestido con el no-vestido de unos caseros calzoncillos como anticipo veraniego, me topé con el canal de Antena 3 emitiendo una película de título significativo: "American Play Boy". No tardamos mucho en ver al protagonista metiéndosela a una chica morena colocada estratégicamente a cuatro patas. Después charlaban o se tocaban los pies. Pero esto no era lo interesante. Demasiado visto. Lo que suscitó nuestro interés inmediato fue una ocurrencia inmediata que tuve. Escribir un libro, quizá un best seller, cuyo título acababa de revelárseme con una claridad meridiana. Sí, efectivamente: "American Maricón".

Un título perfecto, sí señor, American Maricón. Con una fonética poderosa, una rotunda musicalidad, título directo, lapidario, sugerente, casi diría que esponjoso. A-Me-ri-can-Ma-ri-cón. Pegadizo, cada vez nos suena mejor, lo repetimos y lo repetimos, atrapados en su ritmo machacón, en sus siete sílabas más una, un octasílabo redondo, sin pensar en el sentido que despliegan los vocablos, sólo pendientes de su cadencia, sólo atentos a su música abstracta, su regusto de pronunciación en el paladar... A-Me-ri-can-Ma-ri-cón...

Y entonces me pregunta Eva: ¿pero de qué trata la novela?

Y yo me callo, porque no lo sé. Tenemos un gran título, pero no tenemos el contenido. Por decir algo, digo algo que quizá podría ser algo como que el argumento quizá podría ir relacionado con las carreras de caballos... Las apuestas deportivas... O un alud en una escalada de montaña... Gente, mucha gente, saliendo de unos grandes almacenes, todos portando en su mano un brazo roto de maniquí... Qué sé yo... Mira, por ejemplo Boris Vian, que tiene algunos libros escritos cuyo título no tiene nada que ver con la trama que se despliega detrás de la solapa. ¿Por qué ha de titularse una extensa narración de una manera explícita? Da igual de lo que vaya el asunto, lo importante es que tenemos el título, afirmo categórico. Tras dedicarme una escueta sonrisa de conmiseración, Eva se limita a cambiar de canal.

Pero el título sigue bailándome en la cabeza con mucho swing. Me posee con su trotar de caballos de reyes visigodos. Ahora sólo hay que hacer el resto. Escribir la primera línea y después...

¿Hay alguien ahí? ¿Alguna sugerencia para el argumento?


autor: pepeworks / josé martín molina
publicado previamente en Un laboratorio indecente


Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com . Se agradece la visita!
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