15 agosto 2011




Sueño (35) publicado en Un laboratorio indecente el 02/08/2011


(35) La Marquesa, los disfraces y Yoana

soñando con Lucrecia, La Marquesa de Santillana de Águila Roja + avatares con gente disfrazada + amorío con Yoana
Me convierto en el favorito de la Marquesa de Santillana de Águila Roja. Aunque se trata de la serie y de los personajes, es más de una manera difusa o simbólica, sin ser exactamente ellos o parecérseles mucho. El que sería el comisario, dolido pero resignado, me avisará de los cambios de humor de la marquesa, y efectivamente, de repente se muestra algo desabrida conmigo. Estamos ante una mesa larga de madera, llena de cachivaches, mesa de salón o cocina, yo estoy sentado a la izquierda, haciendo cierta actividad con una pantalla pequeña de ordenador, la marquesa se sienta en el centro, con otra actividad semejante, y a su derecha estaría el simbólico comisario. La marquesa y yo nos estorbamos en nuestros quehaceres, ya que lo que estoy usando está en diagonal, al otro lado de la marquesa. Y es cuando se pone borde conmigo, y me obliga a cambiar de sitio. A todo esto tengo que hacer un recado, un encargo o algo que he de preparar, creo que algo que cocino. Que es la excusa para largarme, he perdido el interés en la marquesa. Me las piro, entre soportales.

Llega una segunda parte del sueño, ya distinta. Voy por la calle y veo a un tipo disfrazado, como de vikingo (al principio soy yo ese personaje, pero inmediatamente le veo desde lejos, como testigo). El disfrazado va a cruzar la calle de más allá, cuando aparece otro grupo de unos cinco o seis tipos disfrazados. Digamos que van vestidos de rockers. Los rockers ven al vikingo y en plan tribus urbanas se disponen a perseguirlo para darle alcance y propinarle una paliza. Están ya cerca de él, cuando al doblar una esquina surgen tres colegas vikingos del persguido. (Los disfraces son muy llamativos y llenos de colorido, como de arlequines o bufones). Comienza una pelea entre las dos bandas enemigas. Es curioso, parecían muy violentos y peligrosos, sobre todo los rockers, pero al comenzar a zurrarse, resulta que se pegan "en blando", sin mucha fuerza, como si fuesen muñecos de trapo. Lo que me hace intervenir y reparto algunas hostias más o menos contundentes a los rockers.

Y de aquí pasamos a una tercera parte. Ahora, en una enorme plaza o un espacio similar, nos encontramos un montón de equipos (unos 15, unos 16). Cada equipo lleva disfraces diferentes y están equidistantes unos de otros, en plan sentada. Yo me encuentro en un grupo al extremo, al lado de una pared, pero el grupo al que me adherido no va disfrazado. Ahí está Yoana, con la que recupero un "antiguo" affair romántico. Cada vez me voy acercando más a ella. Ella parece esperar mi cercanía. Da comienzo un flirteo por ambas partes que nos lleva a aproximarnos sentimentalmente. Ahora la cojo con delicadeza, arriesgando, y la siento encima de mí. Y accede sin darle importancia. Su culo, a través de sus pantalones vaqueros, sobre mi bragueta, esto me gusta y agrada mucho. Palpitan nuestros aparatos genitales de cuando en cuando, mi pene y su vagina. Hablamos como si nada, pero cada vez más amantes. Le recuerdo cuando hace años me indicaron que escribiese en una lista las chicas que me gustaban (hablamos de la época del instituto) y yo les di un listado con más de veinte tías. Y le recuerdo, que ella, Yoana, estaba la segunda de la lista, detrás de Patricia. Lo recuerda perfectamente. Yo me pregunto qué será de aquélla lista. Y Yoana me explica, con cierto rubor, que esa lista la tiene ahora... su hijo...

Algo después aventuro unos besos y caricias por el cuello de Yoana. Ella accede, pero de nuevo sin darle la más mínima importancia, como si fuera la brisa la que juega con su cuello. Surje otra tipa que se sienta a nuestro lado y por un momento ambas son iguales, dos Yoanas, y yo me despisto bastante, pero no, sólo hay una, la que está a mi izquierda, esa es la auténtica Yoana, y de pronto me sorprendo de haberlas confundido, porque no se parecen en casi nada. Y sigo, más ávido, aunque aparentemente poco apasionado, besándola en el cuello. Y doy alguna explicación por si se piensa que estoy siendo algo frío en mis amorosos "desmanes consentidos"...

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