02 septiembre 2011




Sueño (37) publicado en Un laboratorio indecente el 18/08/2011


(37) La fuga de Colditz

sueño La fuga de Colditz
Estamos de turismo en las inmediaciones de un castillo antiguo tipo normando o algo así. Ahora estamos alrededor de una piscina grande, donde en su fondo dormitan un montón de animales, pero ahora no recuerdo qué animales eran, digamos que enormes focas, o algo similar. Así, las focas duermen, todas debajo del agua, mientras yo asomo desde el bordillo a mi hijo de dos años, para que juegue con el agua, chapotee con el agua y vea las focas más de cerca, que al estar dormidas no hay peligro de ataque. Hay muchos turistas alrededor de la piscina. En un momento en que tengo a mi hijo en brazos y miro hacia otro lado, noto un pequeño tirón, y al volver la vista, descubro que mi hijo ya no está, ha desaparecido de mis brazos: ¡me lo han robado! Rápidamente corro a través de un vasto hall, y en seguida, localizo a un tipo sospechoso tipo bandolero que lleva un enorme mantón encima, un tipo oscuro, huraño. Le doy alcance rápido y efectivamente, debajo del mantón lleva unos cinco bebés, entre ellos está mi hijo y lo salvo de las garras del canalla.

Informo en secretaría de este tipo de raptos, pero el bonachón que me atiende se hace el longui, que no sabe nada, que no puede ser. Intento buscar policías para informar. Cuanto más investigo y a más escalo en las posiciones administrativas, descubro que están todos implicados en el hurto de niños. Noto que me he puesto demasiado en evidencia ante semejante maquinaria de malvados y malintencionados, así que por prudencia desmiento todo lo ocurrido, he debido equivocarme, tener un lapsus, un espejismo. Pero... ya es tarde, ahora el castillo turístico en el que nos encontramos se ha convertido en una prisión, no se puede salir, no interesa que salgamos y contemos el ambiente amoral y corrupto de por aquí.

Así que ahora el sueño entra en una fase de intentar escapar de la prisión, yo y mi familia (están mi padre, mi hermana, etcétera). Nos han asignado habitaciones-celda. Me asomo a un enorme ventanal, cercano a la habitación y veo que es facilísimo escapar: hay una serie de tejados escalonados que facilitan muchísimo la bajada, es casi como bajar unas anchas escaleras parecidas a una escalinata y el suelo está muy cerca. Lo más complicado es atravesar desde ahí el enorme patio hasta las verjas de la entrada (el resto del recinto está amurallado), podrían vernos fácilmente. Ése es el tramo complicado, ya que la puerta del castillo siempre está abierta, no hay problemas con eso. Habrá, aún así, que intentarlo. Hacemos planes nocturnos para escaparnos. Un compañero de habitación de mi padre o de un posible hermano se entera de nuestra intención de huir, nos ruega sollozando que pueda venir con nosotros. Hay que aceptar para que no se chive.

Preparamos en secreto petates, ropas, lo que nos queremos llevar en la fuga. Al fin iniciamos la bajada por el tejado, en grupo. La bajada se repite varias veces, como si el grupo familiar se hubiera multiplicado: baja un grupo, luego otro, luego otro y así sucesivamente, pero siempre el mismo grupo familiar. Y en cascada cada grupo va atravesando el patio y saliendo por la puerta y desperdigándose por una ciudad antigua vecina colindante. Pero nos han descubierto y aunque hemos salido del recinto amurallado, nos van atrapando después, hasta que me quedo yo solo.

Camuflado, entre extraños y posibles enemigos, vestido de pordiosero para despistar, busco una salida a esta ciudad semi-medieval. Ahora, y en otros momentos, me he convertido en muchacho. Buscando por esta ciudad no encuentro a los míos por ningún lado. Alguien me ayuda, subo una escalera de pared que no sé dónde me lleva...

Y en ese momento hay una vuelta atrás, como cuando en un videojuego hemos perdido y hacemos la trampa de volver a un punto anterior. Así que el fracaso de nuestra fuga es como si no hubiese ocurrido, como si lo vivido hubiese sido sólo una virtual posibilidad.

Tenemos otro intento y hemos aprendido de los errores anteriores. Como decíamos el tramo peligroso, insalvable, es salvar el grandísimo patio hasta la entrada sin que nos vean. Pensemos, calibremos. Y doy con la clave: Es fijar la casilla de salida. Es decir, igual que si se tratase de un juego de sobremesa, por ejemplo "La fuga de Colditz", podemos establecer, nada más bajar por el tejado, salir en una casilla algo más allá, lo más lejos posible, y encuentro la posibilidad de unas casillas justo al otro lado de la verja, ya fuera del recinto amurallado, con lo que nos evitaríamos tener que cruzar todo el patio hacia la salida. Es, desde luego, la solución, y la salvación.

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