25 octubre 2011




Penetraciones (novela por entregas), entrega 33: Olga la Géminis pura y la imposibilidad por h o por b de quedar con ella
Novela: Penetraciones (33): Olga (VII)


También tuve mis buenas discusiones con Olga. Géminis pura. Cambiaba de planes ocho veces cada hora. Y siempre le sucedían imprevistos. Algunos eran realmente difíciles de creer, pero luego resultaban ser tan ciertos, que llegabas a preguntarte sobre la presencia real de alienígenas sobre la faz de la tierra.

Yo, muchas veces, tenía que deshacer todos mis planes para quedar con ella, sin ir más lejos, dejar tirada a Irene soltándole algún embuste de antología. Y mi despliegue hábilmente mentiroso caía en saco roto, ya que al final, Olga desaparecía como una emanación. Por ejemplo: una tarde estoy esperando a Olguis en mi casa. Tan tranquilo y plácido. Me jalo un plátano, escucho jazz, me relajo entre pompas de jabón, la espero. Ella, a las 5 de la tarde había decidido ir a su clase de full-contact para prevenirse de futuros violadores, a la media hora había decidido quedarse en casa planchando y escribiendo algún poema. Otra media hora después encuentra más razonable darse una vuelta en bici. Estupendo, me va comunicando sus cambios de planes por teléfono. A las ocho de la tarde iba a venir a mi casa. Iba. No apareció ni supe nada de ella hasta el día siguiente. Resulta que por descuido se dejó el móvil en casa; luego, en la bicicleta, miraba un poste de telégrafos o cualquier jerigonza del paisaje y se hostia en una zanja. No tiene dinero para telefonearme. Consigue llamar a sus padres a cobro revertido y van a buscarla al culo del mundo, donde ella yace semidescalabrada e histérica. Y tienen que pasar más de veinticuatro horas para que me entere de todo esto. Por supuesto estaba más cabreado que un mono picado por mil avispas, esperando esperando, cagándome en dios, esta zorra sin dar señales de vida. Yo ya me imaginaba que la habían raptado en un helicóptero varios terroristas con las cejas hundidas. O que un amante antiguo le había invitado a un zumo lleno de afrodisíaco para vacas y así poder beneficiársela de nuevo... Evidentemente cuando al día siguiente me cuenta todo lo que le pasó, no la creo. La llamo embustera y cobarde, lo cual no le gusta nada y abruptamente me cuelga el teléfono. Estaba empezando a conocer a Olga. Con ella, lo más inverosímil, sucede.

extracto perteneciente a la novela “Penetraciones” (© libro registrado en la sociedad general de autores)

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