21 octubre 2011




Sueño (54) publicado en Un laboratorio indecente el 16/10/2011


(54) Sesión de magia con mi suegra y reuniones diversas en casa

sueños de la sesión de magia en la cripta mágica con mi suegra Obdulia y de las diversas reuniones en casa con distintas combinaciones de guardarropía (fragmento de fotografía de Vanesantillana)
Esta vez hablamos de dos sueños distintos. En el primer sueño estoy en la cabina de la cripta mágica, pensando lo bien que se ve la actuación de magia desde aquí. Estoy como espectador, no como trabajador. En el escenario hay un mago alto, corpulento y moreno, con una cara grande, atractiva y algo indígena. De entre el público solicita la presencia en el escenario, junto a él, para un juego, de mi suegra Obdulia. La mujer, con rubor, se acerca al mago, caminando algo tímida entre el público, a través de la penumbra propia del espectáculo. Ya en el escenario, Obdulia reclama a su hija Eva, para que le dé ánimos. Eva aparece de detrás del escenario y le da un beso. Ahora Obdulia con algo de ansiedad, temiendo que no esté, reclama la atención y apoyo de su otra hija, María José. Que viene desde el fondo del público para satisfacer el anhelo de su madre.

Acto seguido estamos muchos espectadores en el mismísimo escenario, formando un estrecho círculo en torno al mago y Obdulia. Sorprendidos oímos una canción. Es Obdulia, que emocionada entona una canción antigua en tono grave y sentido, dedicada al mago, que está a dos palmos de ella. Se crea un momento mágico y expectante en que todo el público nos callamos ceremoniosamente, escuchando la inspirada canción de Obdulia. El mago parece profundamente agradecido y emocionado, ha detenido su actuación para dejar que impregne el aire la canción de Obdulia. Ahora la coge en brazos, levantándola en vilo. Suena alguna risa simpática del público ante lo inesperado. Y ahí termina el sueño porque Eva me ha despertado para coger algo de la habitación.

Vuelvo a dormirme, al rato. Y llega el segundo sueño. Ahora estamos Eva y yo en casa. Una casa más grande y espaciosa. Esperamos la visita de Andrés Cuenca, que en breve hará su aparición. El caso es que estamos algo liados y dejamos un poco abandonado a Andrés. Eva trastea en la cocina y yo, entre somnoliento y resacoso, trajino en una habitación, intentando darme prisa en terminar lo que estoy haciendo para no dejar solo a Andrés, que está tumbado en un sofá-cama, viendo la televisión. Es domingo. Para cuando termino y me dispongo a hacer compañía y dar conversación a Andrés, este se ha dormido profundamente. Intentamos despertarlo pero no hay manera. Le recolocamos en el sofá. Por un momento se despierta algo, abre los ojos, pero vuelve a caer con todo el peso del sopor. Curiosamente Andrés se ha transformado físicamente en Nacho Guerreros. Finalmente se despertará, pero al poco vendrá su pareja a recogerle y se marchará.

Ahora hay mucha más gente en nuestra casa, diseminados por las distintas habitaciones y estancias. Yo ando algo atareado con el hecho de vestirme más decentemente. Mi armario de la ropa está en la terraza. Ahí me pondré unos pantalones de vestir y un polo y encima una camisa. Participo en alguna que otra conversación, pero no termino de estar cómodo con la ropa o sentirme elegante o presentable, así que haré más visitas al armario de la terraza, probando otras combinaciones y haciéndome un lío con lo que me he puesto y lo que me iba a poner y con lo que no termino de encontrar en el armario (un armario marrón, avejentado, como el que tuve en la corrala). Eva, al menos, está haciendo de feliz anfitriona.

Ahora estoy buscando una camiseta naranja de manga larga, elegante, quizá la que era de Valentín, pero no la hallo en los cajones. Definitivamente la encuentro, colgada entre múltiples y apretujadas perchas con ropa, en un falso fondo del armario que desconocía, tras una delgada tabla.

En la puerta de la calle está Raquel Meroño, que acaba de llegar y está despidiendo a alguien que se está yendo por la caja de escaleras. Eva lo nota, pero yo no: Efectivamente, Raquel está embarazada de unos tres meses. Esto del embarazo debe afectarle por suponer una interrupción en el trabajo. Una actriz morena y famosa le explica lo que supone, de cara al trabajo, el estar en estado. Durante un año no trabajarás, pero luego, al retomar, te pagarán un incentivo por los meses no trabajados.

De nuevo estoy ante el armario, probando otras combinaciones. La terraza se ha convertido en una espaciosa habitación. Conmigo está Nacho. No sé qué hago, pero al vestirme, no me he vestido y estoy con el torso desnudo, y algo similar sucede con los pantalones, a medio poner. Al parecer me he paseado así, desnudo de cintura para arriba sin darme cuenta, creyendo que iba vestido, pero nadie ha notado nada. Al verme semi desnudo Nacho se excita bastante, alabando mi físico.

Por último me asomo un momento desde la terraza (la habitación vuelve a ser la terraza) y Eva está en el sofá del salón, rodeada de atentos y enternecidos invitados, contando emocionada y con lágrimas en los ojos, cuando nos conocimos y empezamos a salir. Algo pudoroso, me interno de nuevo a pelearme con mi armario y las posibilidades de vestimenta, dispuesto también a escuchar, algo escondido y halagado, lo que Eva dice de nuestro amor.

El libro de los sueños del autor José Martín Molina
Narración perteneciente al libro de relatos "Sueños" (Tomo I) del escritor José Martín Molina. Ahora disponible tanto en formato libro como en formato eBook.

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