09 enero 2012




Sueño (77) publicado en Un laboratorio indecente el 02/01/2012


(77) El viaje a Venezuela / El viaje a Marte

soñando con un viaje a Venezuela, después a Marte tras ver en una pantalla constelaciones y nebulosas cósmicas
Salgo de casa, es por la noche. En seguida me encuentro con Francisco Florido, que me lía para ir a un concierto de música, seguramente un grupo de pop-rock, y me mete en su coche. Pasaremos cerca de un bar de copas que conocemos lo dos y él me cuenta que es el sitio donde mejores cosas le han pasado, o algo así. Seguimos nuestro trayecto nocturno. No sé por dónde me está llevando, pero me da la sensación de que no nos dirigimos al concierto. Y así es. Ahora, de día, se detendrá en un barrio, donde nos apeamos y allí nos encontramos con tres alemanes amigos suyos. Intercambiamos unos saludos y frases en alemán y en español y nos introducimos todos en el coche.

Se supone que ahora sí que vamos los cinco al concierto, pero creo que nuestro conductor Francisco se está alejando demasiado del centro de la ciudad. Al cabo sospecho que nos estamos dirigiendo al aeropuerto. Y así es. Estamos en el hall de un aeropuerto a primera hora de la mañana, amaneciendo. Que más bien se asemeja al hall de un gran hotel. La mayoría de la gente que hay, no mucha, están casi parados como en una foto fija. Llegamos a las ventanillas, los planes han cambiado, ahora iremos a Venezuela, en avión, a pasar unos días. Francisco pilla su billete, y luego los tres amigos alemanes, por turno. Cuando me toca a mí, diré que yo no quiero billete, que yo no voy. Esto sorprende mucho a Francisco y se enfada conmigo. Ya en el coche, de nuevo, (yo voy de copiloto y los germanos detrás), discutimos sobre el asunto. Le explico a Francisco que yo no puedo viajar en avión, y menos tantas horas, que me da pánico, agorafobia, ansiedad, vértigo, etcétera. Él no sale de su mosqueo conmigo. Y le recuerdo que esto ya debería saberlo, que esto ya lo estuvimos hablando hace algún tiempo. Ni se acuerda.

Tras aparcar en el mismo barrio donde recogimos a los alemanes o en un barrio parecido, nos hemos internado los cinco en una especie de caseta. De nuevo es de noche. Ahora se hacen planes muy distintos. A través de una pantalla horizontal conectada con los cielos, estamos viendo planetas y nebulosas cósmicas, se trata ahora de viajar a Marte. Hay algo con lo que no nos aclaramos y alguien llamará (quizá por teléfono) a un astrónomo para que nos explique (es posible que digamos "astrólogo" en vez de "astrónomo"). Uno de los alemanes, Hans, alto y muy rubiales, se mantiene taciturno. Se respira conspiración en el ambiente. Ahora vemos en la pantallita cómo Marte está organizada por regiones señaladas y diferenciadas por colores. Una de esas zonas se llama Ática o algo similar. Realmente parece un mapa de la antigüedad, aunque con soporte digital, eso sí. Seguimos estudiando la geografía marciana, intrigados y emocionados, descubriendo cosas. Hans, sale de su mutismo y nos dará no sé qué información que nos hace dejar de ver el universo como un misterio. Con lo que perderemos inmediatamente el interés por el viaje a Marte. Ya no lo haremos.

Habrá otro momento en el sueño, que no sé encajar dónde, en que Francisco me dejó cerca de casa, para luego recogerme algo después o al día siguiente. Paseando por un parque grande, de regreso a casa, de noche, pensé en lo bien que me encontraba de mis neuras, sobre todo en verano, donde al parecer se aplacaban. Algo parecido pensé en las idas y venidas en coche con Franciso y los alemanes, por ejemplo con el tema del posible aparcamiento en las inmediaciones del concierto.

Hay otra parte final del sueño con distinto decorado. Estoy con Esther de Sede en China ante una mesa redonda del tipo mesa-camilla, en un salón hogareño, familiar, acogedor. Hablando de negocios. Habrá que hacer otra web, además de la que tenemos pendiente. Yo tomo apuntes en un bloc de notas. Ella prefiere ir pagándome en cuotas pequeñas de veinte euros o cantidades similares, "así ni se nota", según me indica. Esto es lo que les viene mejor en tiempos de crisis. A mí me parece bien, solo que con lo pronto que tengo yo las cosas terminadas, me temo que se les va acumular y al final me lo van a tener que pagar todo junto. Esther cambiará de aspecto, ora será una sesentona, ora tendrá la treintena larga.

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