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De compras


cuando voy al corte inglés
no es para comprar espaghettis
o lechugas
ni por favor póngame un kilo de lomo.

tampoco voy a comprar un haifidelity.

mucho menos champú
unos vaqueros o un gorrito de lana

y no digamos pecar de hortera o mimoso
y comprarme
un elefantito de peluche.

al corte inglés
tampoco voy a por papel cel
ni palillos
ni paté de oca que no me gusta.

para nada libros de cocina
o de deporte
o de aprenda alemán en cuatro días.

ni por supuesto
preguntar por la sección de ferretería
-gracias muy amable.

ni cinco cuchillasdeafeitar

ni tampoco birra güiski café
ni rotuladores pinceles sacapuntas
ni siquiera una sandía una corbata un sello.

sencillamente

voy
porque me gusta ver
cómo trabajan las mujeres
del corte inglés.
además
con esos preciosos uniformes
me da la sensación
de que todas ellas
me pertenecen.

sin duda

que es el pudor
lo que me impide
acercarme por detrás,
besar sus nucas
con mimo
delicadeza
y susurrarles
very piano
bájate la falda.


Niño malo: libro de poemas del escritor José Martín Molina

Poema perteneciente al libro Niño malo del escritor José Martín Molina, obra que fue premiada con un Áccesit en los XIV Certámenes Nacionales "Ciudad de Alcorcón". Ahora disponible tanto en libro como en formato eBook.



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02 enero 2012

En casa de Ángel Caballero





Sueño (74) publicado en Un laboratorio indecente el 28/12/2011


(74) En casa de Ángel Caballero

fragmento de planta de las Torres Blancas en Madrid del arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza
Estoy en un garage con mi chica Eva y nuestro hijo Amador. La mayoría de detalles de esta parte del sueño se han esfumado. Hay algo relacionado con un coche familiar en el que entramos o salimos. Amador, revoltoso y alegre, hace de las suyas. Quizá nos dé algún sustito. De pronto nos encontraremos con Ángel Caballero, quizá en la caja de escaleras. Nos llevará a Eva y a mí (Amador desaparece del sueño) a su casa. Pero Ángel tiene dos casas. Nos lleva a su primera casa, cerca del garage. Y en seguida nos lleva a su casa principal, en el centro de Madrid, donde vive casi siempre.

Esta segunda vivienda es mucho más espaciosa y hasta cierto punto lujosa. Se trata de un edificio famoso moderno del que yo, hace tiempo, en una revista de arquitectura o algo similar, vi las plantas y secciones (de alguna manera asociadas a las Torres Blancas de Oiza). Toda la casa está organizada según hexágonos y el suelo tiene ligeras ondulaciones geométricas, algo lunares, reforzando efectos de amplitud y geometría. Ángel nos va mostrando las distintas estancias, conectadas, como digo, de manera "hexagonal". Unas estupendas vistas desde la terraza cerrada. Estaremos en el piso 12, o 15, a bastante altura.

Ángel nos explica algún fallo que tiene esta vivienda. Por ejemplo, cuando llueve, el techo del salón se hunde muchísimo, bajando el techo casi un par de metros (la altura de la vivienda puede llegar a los tres metros y medio), como una bolsa llena de agua. Mientras nos cuenta esto Ángel, el techo se queda hundido, a modo de ilustración de lo que dice. Por lo visto, el que el techo se hunda con la lluvia le provoca a Ángel pulmonías (esto no lo supo hasta que se lo diagnosticó el médico), lo que le obliga a trasladarse a su otra morada cuando la lluvia arrecia.

Desde luego no conocíamos este aspecto acaudalado de Ángel que vemos en multitud de detalles de su hogar, proviniendo claramente de una familia de dinero. Después de la "guía turística" por su casa y estancias, comienza a venir gente, dos o tres amigos suyos, curiosos y estrafalarios, que entran por turnos y sin llamar, como si la puerta estuviese abierta siempre. También descubro gratamente en nuestro anfitrión aspectos atrayentes de su personalidad que no conocía: don de gentes, despejado y seguro carisma, gran conversador, una señorial elasticidad dinámica en sus movimientos, cierto desparpajo mundano y una elegante despreocupación. Él también me conoce a partir de aquí algo más en profundidad, aunque según dice él nos separa el hecho de que "tú no entiendes". Y casi nos estamos despidiendo ya. Parece que Ángel tiene que salir (aunque esto no supone que tengamos que irnos nosotros también de su piso, nos podemos quedar aquí tranquilamente...).


by josé martín molina
publicado previamente en Un laboratorio indecente


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