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De compras


cuando voy al corte inglés
no es para comprar espaghettis
o lechugas
ni por favor póngame un kilo de lomo.

tampoco voy a comprar un haifidelity.

mucho menos champú
unos vaqueros o un gorrito de lana

y no digamos pecar de hortera o mimoso
y comprarme
un elefantito de peluche.

al corte inglés
tampoco voy a por papel cel
ni palillos
ni paté de oca que no me gusta.

para nada libros de cocina
o de deporte
o de aprenda alemán en cuatro días.

ni por supuesto
preguntar por la sección de ferretería
-gracias muy amable.

ni cinco cuchillasdeafeitar

ni tampoco birra güiski café
ni rotuladores pinceles sacapuntas
ni siquiera una sandía una corbata un sello.

sencillamente

voy
porque me gusta ver
cómo trabajan las mujeres
del corte inglés.
además
con esos preciosos uniformes
me da la sensación
de que todas ellas
me pertenecen.

sin duda

que es el pudor
lo que me impide
acercarme por detrás,
besar sus nucas
con mimo
delicadeza
y susurrarles
very piano
bájate la falda.


Niño malo: libro de poemas del escritor José Martín Molina

Poema perteneciente al libro Niño malo del escritor José Martín Molina, obra que fue premiada con un Áccesit en los XIV Certámenes Nacionales "Ciudad de Alcorcón". Ahora disponible tanto en libro como en formato eBook.



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21 enero 2012

Partido oficial de la Selección Española de fútbol contra el Atlético de Madrid





Sueño (84) publicado en Un laboratorio indecente el 16/01/2012


(84) Partido oficial de la Selección Española de fútbol contra el Atlético de Madrid

Partido oficial de la Selección Española de Fútbol contra el Atlético de Madrid, clasificación para el Mundial de Estados Unidos
Partido oficial de la Selección Española de fútbol. Jugamos contra el Atlético de Madrid. Es un partido eliminatorio para la clasificación del Mundial. Está claro que vencer será muy fácil. Yo también estoy en el terreno de juego, como defensa, que es mi puesto habitual. Es desde luego un misterio que tengamos que enfrentarnos al Atleti, en vez de hacerlo contra otra selección. Estamos jugando en Alemania. Un gran público abarrota las localidades. La furia española, incesante, ataca una y otra vez, hasta conseguir el primer tanto, todo un golazo, quizá del Niño Torres. Al poco se pierde todo el interés por el enfrentamiento. Los jugadores de la Selección permanecen parados, los jugadores del Atleti han desaparecido casi por completo, ya casi no hay público en las gradas. En una gran pantalla están emitiendo noticias relacionadas con el próximo Mundial y todos permanecen atentos, parados en el campo, casi en fila india. Y resulta que no, que al final el resultado de este partido no influye como fase de clasificación. Yo quiero aprovechar la paralizada coyuntura para meter un gol, que hoy lo tengo fácil, pero cuando estoy solo delante de la portería contraria y chuto, el balón golpea con unos hierros planos que hay a ras de suelo y el balón sale fuera.

Después estamos todos en los vestuarios, revisando nuestras camisetas del Mundial. Entre nosotros pasa un momento Vicente del Bosque, que serio, sin hablar con nadie, aunque con alguna mirada de complicidad, se dirige a otra estancia. Alguien se sorprende al ver que mi camiseta, extendida sobre una mesa, con mi nombre en el dorsal, no tiene número. Lo cual demuestra que no estoy convocado para el Mundial. El resto del equipo se muestra afligido y pesaroso, en cambio a mí me alegra la cuestión, porque no tenía la intención de ir a Estados Unidos, que es donde se juega el siguiente Mundial. Les dedicaré a mis compañeros una palabras muy emotivas de despedida, explicándoles mi orgullo de haber jugado con ellos, que son muchísimo mejores que yo, además de estar yo ya mayor para estas lides, frisando como friso la cuarentena. Y que aunque yo ya no juegue en la alineación todos los triunfos que han logrado y que seguirán consiguiendo también los recibo yo...

Finalmente tienen que venir a recogernos, para desplazarnos hasta Alicante (curiosamente Alicante, en el sueño, se sitúa al noroeste de España). Estamos esperando a unos frailes y monjas que son los que se encargarán de atendernos y de nuestro traslado. Yo me quiero ir, pero la cosa está complicada, ya que estamos atrapados y nadie puede salir. A ver cómo logro escabullirme...

Previamente a esta parte final, he soñado también que me internaba con dos compañeros por una galería que conducía al vestuario. Al volver, tres camiones y una serie de armarios taponaban la entrada. Los camiones, de remolque, estaban llenos de cachivaches y cosas aparentemente inservibles. Un guardia se encargaba de vigilar todo. Yo disimulaba, demorándome en dirigirme a los vestuarios, porque quería llevarme, sin que me viera el rudo vigilante, una de esas raras piezas metálicas a modo de souvenir.


by josé martín molina
publicado previamente en Un laboratorio indecente


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