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De compras


cuando voy al corte inglés
no es para comprar espaghettis
o lechugas
ni por favor póngame un kilo de lomo.

tampoco voy a comprar un haifidelity.

mucho menos champú
unos vaqueros o un gorrito de lana

y no digamos pecar de hortera o mimoso
y comprarme
un elefantito de peluche.

al corte inglés
tampoco voy a por papel cel
ni palillos
ni paté de oca que no me gusta.

para nada libros de cocina
o de deporte
o de aprenda alemán en cuatro días.

ni por supuesto
preguntar por la sección de ferretería
-gracias muy amable.

ni cinco cuchillasdeafeitar

ni tampoco birra güiski café
ni rotuladores pinceles sacapuntas
ni siquiera una sandía una corbata un sello.

sencillamente

voy
porque me gusta ver
cómo trabajan las mujeres
del corte inglés.
además
con esos preciosos uniformes
me da la sensación
de que todas ellas
me pertenecen.

sin duda

que es el pudor
lo que me impide
acercarme por detrás,
besar sus nucas
con mimo
delicadeza
y susurrarles
very piano
bájate la falda.


Niño malo: libro de poemas del escritor José Martín Molina

Poema perteneciente al libro Niño malo del escritor José Martín Molina, obra que fue premiada con un Áccesit en los XIV Certámenes Nacionales "Ciudad de Alcorcón". Ahora disponible tanto en libro como en formato eBook.



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17 enero 2012

Vecinos, variedades y un polvo frustrado





Sueño (80) publicado en Un laboratorio indecente el 06/01/2012


(80) Vecinos, variedades y un polvo frustrado

Polvo fustrado con la vecina: sueños eróticos
El sueño se desarrolla en diferentes casas de vecinos. En un momento dado estaré en casa de Mirta, la vecina, en su cocina cuadrangular, con otra gente, trasteando, haciendo no sé qué. Luego estoy en otra casa, la vivienda de otra vecina o conocida, que es donde se desarrollará la mayor parte del sueño. Estará lleno de gente, la mayoría conocidos (conocidos en el sueño, pero como la mayor parte de gente que aparece en el sueño, no son conocidos míos en la realidad). Estamos todos desperdigados por sofás, en el suelo, aquí y allá, casi en plan sentada hippy, parece que haciendo algo o esperando a algo, o haciendo que esperamos a que termine algo. Y se nos hará tardísimo. Ya dan las siete de la mañana, la mayoría de los presentes se han ido marchando, ya sólo quedamos cuatro gatos.

Hasta que llega el momento en que nos quedamos solos la dueña de la casa y yo. Estamos tumbados en el suelo del salón, hablando. Ya es hora de irme a casa con Eva. Pero sin pensarlo, repentinamente, la arrincono frente a la pared, ella pone su culo generoso en pompa, a cuatro patas, desnuda, y comienzo a metérsela por el culo. (Parece que esto ya lo hemos hecho antes, al menos una vez). En seguida me hace saber que ella no disfruta con esto. Así que cambiamos de postura y ahora se vuelca sobre mi sexo y empieza a chupármela. Sin embargo esto no me agrada, más bien al contrario: me hace daño, ya que tiene piercings grandes en la lengua y en los labios, entre ellos un gran aro, y me está destrozando el pene. Con lo que volveremos a cambiar de postura. Esta vez ella se sentará a horcajadas sobre mi sexo y acto seguido, se la mete. Pero... en ese instante se abre la puerta de la calle (estamos muy cerca del pasillo de entrada) y aparecen dos vecinas en el marco de la puerta, una de ellas negrita, y nos pillan infraganti haciendo guarrerías. Inmediatamente me espanto: seguro que estas le van a ir con el cuento a Eva...

La vecinas desaparecen, mas yo ya no puedo continuar con esto. Me levanto y dejo de estar desnudo, dispuesto a regresar ya a mi morada. Pienso que tampoco he sido infiel exactamente, ya que sólo ha sido "un poquito" y no hemos terminado nada, en verdad ni siquiera hemos empezado casi. Antes de irme, estaré de nuevo con la vecina con la que se ha frustrado el polvo (que quizá, remotamente, sea alguna ex compañera de pasadas clases de interpretación) en una de sus habitaciones y nos acompañan, nuevamente, las dos vecinas que nos sorprendieron. Monto con la vecina una especie de escena que dé a entender que lo que estábamos haciendo antes cuando nos pillaron, era una broma, sólo eso, una broma. Desde luego un subterfugio por si Eva se entera, que le digan que era una broma. Parece convincente nuestra estragema. Incluso puede que le cuente yo la broma antes a Eva, nada más llegar a casa.

Ahora me despido de la vecina en la puerta de su hogar. Y aunque no tengo ninguna intención de caer con ella en el mismo error lujurioso, me encuentro invitándola en plan cortés, atento y romántico, como un caballero, a quedar de nuevo próximamente. No doy crédito de mi actitud. Esta parte del sueño la estoy viendo desde fuera, con lo que es "otro" el que habla, un "otro" que no dejo de ser yo, y que me está traicionando. Cosas de la psique.

Hay otra parte del sueño, que no logro ubicar, en que me encuentro en la casa de otro vecino, concretamente alguien identificado con el marido de Mirta. Estaremos comiendo en la mesa de su reducido salón como invitados, seremos cuatro comensales, incluyéndole a él. Yo quizá me había presentado allí con el objeto de transmitirle un recado de Mirta. Nos tenemos que marchar, mas yo aún no he terminado mi plato de pescado blanco (merluza o algo así). No pueden esperarme. Yo les digo que aguarden tres minutos, que es lo que me queda. Se detienen un poco y ven que voy a tardar más de lo indicado, así que deciden largarse. A mí me da pudor el que me deje solo en su casa el marido de Mirta, ¿no desconfiará de mí? Yo podría ser un ladrón y robarle tan tranquilamente. Me apuro en terminar para que no les dé tiempo a pensar que podría hacer algo malo si me dejan aquí solo.


by josé martín molina
publicado previamente en Un laboratorio indecente


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