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De compras


cuando voy al corte inglés
no es para comprar espaghettis
o lechugas
ni por favor póngame un kilo de lomo.

tampoco voy a comprar un haifidelity.

mucho menos champú
unos vaqueros o un gorrito de lana

y no digamos pecar de hortera o mimoso
y comprarme
un elefantito de peluche.

al corte inglés
tampoco voy a por papel cel
ni palillos
ni paté de oca que no me gusta.

para nada libros de cocina
o de deporte
o de aprenda alemán en cuatro días.

ni por supuesto
preguntar por la sección de ferretería
-gracias muy amable.

ni cinco cuchillasdeafeitar

ni tampoco birra güiski café
ni rotuladores pinceles sacapuntas
ni siquiera una sandía una corbata un sello.

sencillamente

voy
porque me gusta ver
cómo trabajan las mujeres
del corte inglés.
además
con esos preciosos uniformes
me da la sensación
de que todas ellas
me pertenecen.

sin duda

que es el pudor
lo que me impide
acercarme por detrás,
besar sus nucas
con mimo
delicadeza
y susurrarles
very piano
bájate la falda.


Niño malo: libro de poemas del escritor José Martín Molina

Poema perteneciente al libro Niño malo del escritor José Martín Molina, obra que fue premiada con un Áccesit en los XIV Certámenes Nacionales "Ciudad de Alcorcón". Ahora disponible tanto en libro como en formato eBook.



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02 febrero 2012

La primera experiencia sexual de Malena (por Almudena Grandes)





>> publicado previamente en Arte y Erotismo

Malena es un nombre de tango, novela de Almudena Grandes
Diario de lecturas (9): Malena es un nombre de tango, de Almudena Grandes:
La primera experiencia sexual de Malena


Estamos hablando de la prodigiosa novela Malena es un nombre de tango (1994) de Almudena Grandes, donde la protagonista, Malena, en un estilo vigoroso, rico, envolvente, proteico y subyugante, nos va narrando en una picassiana biografía o monografía, más o menos cronológicamente, llena de complejas reciprocidades, la búsqueda de su identidad, desde la infancia hacia la madurez, intentando despojarse, liberarse, del gemelismo y malditismo que amenzan con echar a perder las riendas de su vida.
En el fragmento que hemos escogido, Malena está muy cerca de perder su virginidad, a sus dieciséis años, completamente abducida por la palpitante novedad del miembro de Fernando.
Estaba sentado sobre sus talones y probablemente me contemplaba con una sonrisa divertida, pero yo, acurrucada ante sus rodillas, cautelosamente separada de él, como si su cuerpo fuera un recinto sagrado que no me atreviera siquiera a rozar, no le miraba a la cara.

- Esto es una polla… -hablaba para mí, como si necesitara afirmar la realidad que estaba contemplando, aunque sólo fuera para romper el hechizo, la insoportable tensión que hacía vibrar, de puro tirante, el invisible hilo tendido entre mis ojos enrojecidos por el asombro y aquel pedazo de carne mineral que los atraía como si pretendiera desgajar mis pupilas para adornarse con ellas.

- Estás impresionada, ¿eh, india?

- Sí –admití, resignándome a demoler mi trabajosa impostura hasta los cimientos-, es bastante impresionante.

Eso era un polla, desde luego, pero me llevaría algún tiempo aprender que la misma palabra designa conceptos mucho más pobres que aquel milagroso cilindro violáceo, que se insinuaba tras un húmedo estuche de piel viscosa para sugerirme la imagen de una cobra enfurecida cuando yergue su cuerpo, revelando a su víctima la amenaza que palpita en su cuello sólo un instante antes de henchir la garganta para ceñir su cabeza como la corola de una flor venenosa. No podía apartar la mirada de aquel prodigio que me reclamaba por completo, tan fascinada, tan conmovida por un misterio que parecía crecer a medida que se desvelaba, que no reaccioné a tiempo cuando Fernando lo liberó suavemente de mis manos para tomarlo entre las suyas, que sujetaban una especie de arrugada baba amarillenta que no conseguí identificar.

- ¿Qué es eso?

Se detuvo y levantó los ojos para mirarme, pero no quiso registrar mi estupor.

- Un condón.

- Ah…

DiosmíoDiosmíoDiosmíoDiosmío, pensé, DiosmíoDiosmíoDiosmío, y mis manos empezaron a sudar, DiosmíoDiosmío, y mis piernas empezaron a temblar, Diosmío, y vi la cara de mi madre, Dios mío, recortándose contra el sol, una sonrisa de dulcísimo amor que habría hecho llorar a una piedra, pero al mismo tiempo mis oídos se rindieron al atronador galope de un caballo lejano, que se acercaba deprisa, y presentí que no hallaría ninguna banqueta donde enganchar mis pies, los dedos ya moviéndose, nerviosos, para impedir que salieran corriendo detrás de él.
[extracto de la novela Malena es un nombre de tango, de Almudena Grandes]



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