02 mayo 2012




Sueño (16) publicado en Un laboratorio indecente el 05/05/2011


(16) Por tierras de Córdoba y Granada

soñando con viaje a través de Córdoba y Granada, con hermosas vistas, el mar, la playa, montañas, acantilados, la costa
Una sucesión de secuencias en un terreno de villanos, como del Oeste, como de Western. He olvidado muchas cosas, pero voy siendo un personaje y luego otro. Identidad mía difusa, cambiante. Ahora se ven un par de indios a caballo, con plumas y todo, a lo alto de un desfiladero, plano desde arriba. Abajo, muy abajo del desfiladero, una serie de jinetes se han apercibido de la amenazante presencia de los indios, tendrán que andar con cuidado. De repente me pregunto cómo suben y bajan los indios a caballo por los desfiladeros. Y se ve como bajan por entre terraplenes, ocultos desde fuera, que hay tras las enormes rocas de los desfiladeros.

Ahora me transmuto con otro que viene en sentido contrario, voy por una bajada que hay entre las montañas, de tierra entre bermellón y roja. Un enorme sol sobre el paisaje. Soy como un buhonero o algo similar. Hasta que llego a una especie de parador entre las rocas y me asomo. La vista será magnífica, maravillosa, montañas enormes y definidas, debajo el mar, un mar brillante y cristalino. Más allá otras cadena de montañas y luego el mar abierto, infinito. Una luz solar espléndida. Abajo, en el trozo de playa cercado por rocas, hay gente bañándose. El paisaje es tan formidable y cautivante que me saco la cámara para hacer fotos. Pero las haré de cara al sol, con lo cual saldrán, según las veo en el visor de la cámara, casi negras, veladas por el sol. Asomarme para hacer las fotos, debido a la gran altura, me da algo de vértigo. Ahora estoy bajando hacia la costa.

En el sueño he atravesado Córdoba y ahora estoy en tierras de Granada. He llegado abajo, estoy en la costa, me baño, nado un poco, entre más bañistas. Llego a la playa, donde se levantan una serie de bungalows o chalets casi al pie de las olas. Vuelvo a mirar el paisaje, qué esplendor, subyugante. El mar más allá de las montañas, brillante por la luz casi blaquecina.

Y ahora estoy con Eva por estas latitudes, que se queja de que no hayamos estado más tiempo en la playa. Y yo le digo que ya que nunca vamos a la playa, que no se queje ahora por haber estado sólo tres horas... Eva y yo nos metemos en un cuarto de baño público, que es como una barraca, bastante grande. De repente se ha llenado todo el suelo de agua, y la ropa de Eva, que aunque estaba vestida, al mismo tiempo estaba tendida en el suelo, se empapa entera. Eva contrariada, casi malhumorada. Nos vamos de aquí. Paseamos por ahí.

Y ya no está Eva. Ahora estoy yo solo internándome por casas comunitarias de la playa. Aparezco en una habitación-apartamento. Imagino que estoy invadiendo espacio privado y en cualquier momento me puede caer una bulla. Así que decido salir. En estos momentos del sueño soy un curioso personaje. Una especie de seductor que va vagando por los caminos, buscando aventuras, sin apenas nada, sin apenas dinero, ropa anticuada, gastada, pero un gran seductor cuando se lo propone. Es más, ahora tendré hasta un sirviente. En estos tramos del sueño siguen pasando cosas, más habitaciones, hermosas vistas desde ventanas o zaguanes, gente rulando por el espacio comunitario, a modo de hall casero, que lleva a los distintos apartamentos y estancias. Me encuentro con dos chicas famosas, una de ellas creo que actriz de televisión, guapas, acaudaladas, una rubia y otra morena, que al ser un gran seductor aunque disfrazado de semi-vagabundo, buscan mi compañía. Una presume de ser una excelente cortadora de uñas con los dientes.

Como un reto se dispone a cortarme la uñas con sus blancos dientes. Mientras va royendo, chupa también mis dedos, de una manera sensual y excitante. Va mordisqueando mis uñas, que ahora son bien largas, ya lleva dos o tres uñas, su método es bastante imperfecto, no cercena los extremos de las uñas y todo el centro cortado ofrece un aspecto dentado, nada nítido. Está claro que aquí hay tema, que tras la extraña manicura bucal, nos entregaremos al amor. Pero... resulta que me enfado muchísimo porque de repente me entero de que una de las dos chicas, le había dicho a mi sirviente (que también está presente en la escena) que hiciera no sé qué. Y ahí me enfado mucho, gritando, rompo diciendo: "Nadie le da órdenes a mi sirviente menos yo". Y me largo, con mi sirviente viniendo detrás de mí, ante el mayor de los asombros de las dos famosillas.

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