27 enero 2013




Sueño (197) perteneciente a la saga Sueños (Tomo II) de José Martín Molina


(197) Rollos chungos de discotecas

Puerta de discoteca con sus fortachones porteros de seguridad
Estoy con Javier Jiménez, el actor y modelo, charlando sobre nuestro trabajo en una discoteca determinada. Esta semana he ido allí a currar con cierta intermitencia y temo que haya represalias al no cumplir con mis deberes laborales. Al contárselo, él, todo jactancioso, me revela que el va cuando le da la gana a cubrir su puesto de gogó, de hecho puede que haga más de un mes que no se presenta. Seguidamente le vemos conduciendo un coche pequeño, una especie de Mini, en el que apenas cabe de tan grandote y musculado de gimnasio que está. Atraviesa de noche una calleja empedrada escasamente iluminada por faroles, camino de la discoteca.

Cuando llega a la entrada de la disco, flanqueada por tres o cuatro forzudos de seguridad, se llevará una buena sorpresa. Todos fingen no conocerle en absoluto. Se muestran con él igual de bordes y secos que con el resto de asiduos que están en la fila aguardando su turno para entrar. Javier no sabe cómo reaccionar, no sale de su asombro. Pregunta por alguno de los jefes o encargados. Nada, no le hacen ni caso. No sé si, al final, adentrándose por la fuerza, o bien acertando con el nombre "mágico" que abre las puertas, le dejarán colarse. Mas dentro le harán una encerrona. Unos veinte empleados, mujeres y hombres, se lo llevan a un aparte, le rodean y le maltratan. Después, con los pies, los puños y palos golpean la parte baja de un ascensor muy pesado, que ha sido izado para tal fin, hasta que en el espesor de unos 60 centímetros logran hacer un hueco, en el que meterán, hecho un ovillo, a Javier, para después volver a depositar dicho ascensor sobre el piso, con lo que el pobre chico se ve completamente enterrado y aislado, sin que pueda moverse casi, emparedado entre el suelo y la provocada oquedad de la base del ascensor. Un ascensor sin uso y que pesa toneladas.

Más que una suerte de venganza, lo que han hecho con él, obedece a otros siniestros planes. Se trata a las claras de un secuestro para así hacer reaccionar a la madre de Javier, que quizá por asuntos relacionados con el tráfico de drogas, debe muchísimo dinero a los mafiosos dueños de la discoteca. A continuación veremos a su madre, una mujer pequeña, enjuta y enérgica, revolviendo desesperada entre valijas, cajas y demás en el salón destartalado de su casa, intentando, llena de histeria y consternación, hallar todo el dinero posible, que será siempre insuficiente, para salvar a su hijo.

Hay un par de escenas difusas en un restaurante o cafetería, que no sé muy bien cómo ubicar.

Y ahora entro yo en acción, dispuesto a echar un cable al chaval. En el acceso a la disco me topo con el mismo problema que Javier. Ante mi urgencia los orangutanes guardianes me ignoran completamente. Bajando de un coche, en plan alfombra roja de Hollywood, surge la novia de Javi, trabajadora asimismo del local. Lleva minifalda y ropa nocturna. También hará oídos sordos cuando la llamo, y a toda prisa la dejan pasar abriendo abanico entre el gentío agolpado en el umbral. Yo insisto a los porteros: vengo a ver a tal, vengo a ver a cual. Tras unas cuantas tentativas acertaré con el nombre que me permite internarme en el hall.

Una vez dentro, mediante un pinganillo o algo similar, consigo entablar conversación con la novia del secuestrado, que me responderá alteradísima que no quiere saber nada del paradero de su pareja, que no quiere exponerse. A su lado, un fortachón de seguridad nota su nerviosismo y empieza a sondearla para enterarse de lo que está ocurriendo. Ella disimula rápidamente, adopta una actitud relajada para no levantar sospechas y corta la comunicación conmigo.

Me veo solo en esto, sin ayuda posible. Nadie quiere saber nada. Tendré que actuar por mi cuenta y con suma cautela. Atravieso unos vestuarios despejados. De una brusca patada arranco la rejilla cuadrada que da a una cámara muy poco transitada, perteneciente a los entresijos privados del edificio. Mi fisonomía ha cambiado, teniendo ahora una desarrollada musculatura típica de gimnasio, muy parecida a la de Javier Jiménez.


El libro de los sueños del autor José Martín Molina
Narración perteneciente a la saga de relatos "Sueños" (Tomo II) del escritor José Martín Molina. Ahora disponible el primer tomo, tanto en formato libro como en formato eBook.

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