18 febrero 2013




Sueño (205) perteneciente a la saga Sueños (Tomo II) de José Martín Molina


(205) La suplantación y los taxis estrafalarios

restaurante lleno de gente a la hora de la cena en fin de semana
Como no hay manera últimamente de que me convoquen para trabajar en mi papel de camarero infiltrado en celebraciones de despedidas de soltero, me animo a personarme directamente en una determinada zona de restaurantes con el objeto de que me contraten. Me adentro en uno de los locales donde tienen lugar este tipo de eventos. Hay mucha clientela a la hora de la cena. Y además, unos dos o tres grupos festejando el fin de la soltería. Quizá pueda acoplarme a una de estas reuniones. El dueño del restaurante me mira con aire de sospecha, sin llegar a reconocerme. Mejor, así podré pasar más desapercibido. Acaparo un bote de Coca Cola -sin pagarlo- para dar la idea de que soy otro cliente más pegado a la barra. Después, sin que lo noten, disimulando como un campeón, consigo agenciarme y ponerme un delantal negro de los que llevan los camareros. Para hacer tiempo salgo a la puerta de la calle a echarme un cigarrillo bajo las luces de la noche. Sin embargo me veré obligado a entrar a toda prisa, pues un perrazo negro muy agresivo me amenazaba con gruñidos nada tranquilizadores, mostrando unos dientes terroríficos y baboseantes. Evitando el ataque canino, atravieso raudo la puerta del establecimiento hacia dentro, como si me guareciese tras un burladero.

El jefe, al verme con el uniforme de sus camareros, deja de espiar mis movimientos, confiado de que debo ser un extra enviado en el último momento.

He detectado una mesa donde precisan un camarero infiltrado. Es mi ocasión de suplantar a otro actor. Quién sabe, con un poquito de suerte no se presenta dicho actor y puedo desempeñar su papel sin trabas. Ya veremos qué hacer si surge el verdadero artista. Así, preguntan por Ramón (el actor esperado) y digo que soy yo. Bien, se han tragado el anzuelo. Mas en el trastero aledaño, agazapada y acucillada en un armario con la puerta abierta, semi oculta entre ropajes, una chica, tocada con un mandil, se identifica como Ramón. Vaya, mi usurpación ha concluido antes de empezar...

Merodeo un buen rato por el espacio del bar, entre la atestada concurrencia. Después, con el negocio ya casi vacío, me despido del amable dueño. En el bolsillo he escondido otro bote de Coca Cola que he robado. Sin que se descubra mi hurto salgo a la calle, invadida por la noche.

Traspaso un parque próximo a la glorieta de Príncipe Pío. A cuyo término alzo la mano para detener un taxi que me devuelva al hogar. Derrapando se detienen dos curiosísmos taxis a mis pies. Aparcan de cualquier manera, de soslayo. Uno tiene forma de escarabajo con alerones y es conducido por un tipo con terrible cara de asesino múltiple. El otro es un Mercedes antiguo de lujo, inmaculadamente blanco, del que se apean un personaje de color y dos de sus chicas negras, casquivanas y desenvueltas. Probablemente se trate de prostitutas y el conductor africano, que viste de punta en blanco, cargado de cadenas de oro, seguramente sea su chulo. Pero no han frenado y estacionado para asistir a mi llamamiento. Sino para regalarse unos instantes de asueto y fumarse juntos un señor porro. Con desenfado me ignoran tras negarse a recogerme. Yo tengo la opción de esperar a que finalicen su descanso y luego elegir chófer. Idea que no me seduce del todo. Ya que el que tiene calaña de asesino me inspira pavor y el otro, el rufián negro, quizá vaya demasiado puesto de drogas como para que su conducción sea más que temeraria, incluso suicida...

En éstas estamos cuando para a nuestro lado otro taxi. Un automóvil desconcertante, construido chapuceramente con piezas de otros coches, con chatarras incrustadas por todos lados, con más apariencia de un papel arrugado que de un vehículo normal. Su propietario es un vejete destartalado, despistado y entrañable, aunque algo cascarrabias. Ya no recuerdo si me decanto por este último y estrambótico medio de locomoción (parece que sí). Que bien mirado es el más peligroso de los tres.


El libro de los sueños del autor José Martín Molina
Narración perteneciente a la saga de relatos "Sueños" (Tomo II) del escritor José Martín Molina. Ahora disponible el primer tomo, tanto en formato libro como en formato eBook.

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