03 febrero 2013




Sueño (199) perteneciente a la saga Sueños (Tomo II) de José Martín Molina


(199) Reencuentro con Ana

Cocina de restaurante de hotel u hospital
Paso por la enorme cocina de un restaurante, situado en la planta baja, donde Lázaro, como maestro de ceremonias organiza el cotarro gastronómico. Me alcanzan (quizá una de las hijas de Lázaro) una botella de vino medio llena, no sé con qué objeto. Ignoro si es para mí o para que la lleve a algún sitio. Tras unas grandes puertas batientes que hay en uno de las paredes laterales de la cocina se celebra una fiesta privada de gente muy rica. He tenido la oportunidad de asistir a ese convite, pero no sé por qué la he desperdiciado. Y me quedo con la curiosidad de comprobar cómo viven las personas tan despreocupadamente adineradas que pueden permitirse vivir al margen de la crisis económica. Sin embargo, al pensar en esto, como si se tratase de un flashback, me interno en dicha celebración de ricachones. Poco recuerdo de la visita, salvo unos chispeantes diálogos muy ocurrentes en el idioma anglosajón con un alto y refinado guiri británico, acompañado siempre del brazo de una elegante mujer aristocrática, cada vez que nos cruzamos en las escaleras alfombradas. El inglés se reirá con ganas pero cortesmente con mis agudezas y las extraordinarias cosas que le pregunto. Siempre responde lacónico, comedido y risueño.

La cocina se transforma en la zona de cámaras privadas para la servidumbre de un gran hotel. Voy junto a mi novia actual. Una eléctrica rubia un tanto celosa y posesiva. Se imagina que tengo algún lío en paralelo con alguna de las trabajadoras de aquí. Esencialmente sospecha de dos en concreto. Por eso nos internamos en el espacio de las habitaciones de los empleados, para que ella se despeje de sus celosas suposiciones. De pronto recuerdo que Ana, mi querida antigua novia de antaño, trabajaba aquí (el hotel deriva confusamente ahora hacia un hospital). Hasta es posible que la vea y todo. Hace muchísimo que no sé nada de ella, le tengo completamente perdida la pista. Son muchas ganas de saber cómo le va. Al atravesar un dormitorio veo que sobre la cama hay unas ropas dobladas y un bolso. Objetos que reconozco como prendas de Ana, así que es fácil que pueda encontrarme con ella. Y eso es. Al instante, tras la puerta aparece Ana. Está muy guapa, vestida de negro, con su belleza serena y morena. Me alegra mucho verla. Ella permanece quieta, muda. Al comentarle que la he llamado varias veces al móvil a lo largo de estos años sin llegar a contactarla, su rostro adquiere una tonalidad triste, muy triste. Como a punto de prorrumpir en un desconsolado llanto. ¿Qué le pasará? ¿Quizá haya muerto su madre? Apenas puedo inquirirla, ya que desaparece corriendo.

Al rato estoy reunido con los encargados de Ana y sus compañeras. Una mujer y un hombre, ambos de edad media. Me narran los sucesos de Ana y los motivos de su sufrimiento. Uno de los asalariados es un ligón empedernido, un rompecorazones de tomo y lomo. De los que conquistan a las chicas para luego dejarlas tiradas como un trapo sucio. Mala gente. Aquí el jefecillo me muestra una fotografía con dos apuestos jóvenes, sonrientes y con aspecto inocente, mirando de frente y subidos escalonadamente a un columpio o algo semejante. Son los malvados seductores. Al parecer a esta encargada se le metió en la cabeza que el pérfido enamorador flirtease con Ana para engatusarla. Y poco más me explican porque me estoy quemando el culo y dando un respingo interrumpo el discurso.

Efectivamente, detrás de mí, en el suelo, hay una estufa al rojo vivo en la que no había reparado. Estoy completamente desnudo, y estaba sentado sobre un mínimo taburete antes de achicharrarme el trasero. Los tres nos hallamos en unos compartimentos que conforman tres cajas estrechas que cumplen la función de reducidos cuartos de baño. Hay una vista desde arriba en la que se ven los muros que cercan el mencionado entramado. El encargado, también desnudo, se fija en mi pene y exclama que qué grande, a pesar del estado de latencia. Yo, asimismo, observo su aparato, que es modestamente diminuto. Mas con lo de la alabanza del tamaño descubro que no se refería a mi cipote.


El libro de los sueños del autor José Martín Molina
Narración perteneciente a la saga de relatos "Sueños" (Tomo II) del escritor José Martín Molina. Ahora disponible el primer tomo, tanto en formato libro como en formato eBook.

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