04 mayo 2013




Sueño (223) perteneciente a la saga Sueños (Tomo II) de José Martín Molina


(223) Variedades literarias y escatológicas

váter blanco de cuarto de baño
Tras una larga noche de juerga en que me he perdido por aquí y por allá, me presento atolondrado y sin dormir en la casa-estudio de mi amigo el arquitecto Ángel Borrego. Una cita que he estado postergando con cierto miedo, porque las sorpresas de mi amigo Ángel suelen ser de lo más desconcertantes. Nunca se sabe a ciencia cierta cuál es el nuevo embrollo con el que te va a liar. Esta vez, sin embargo, la noticia que me tiene preparada es muy de mi agrado. Ha conseguido derivar hacia mí un curioso encargo que proviene de una profesora. Se trata de escribir tres tratados históricos para alumnos de instituto. Tendré meses por delante para documentarme y desarrollar estos tres escritos, relacionados con tres distintas personalidades de la historia, uno del siglo XI, otro del siglo XII y finalmente, otro del siglo XIII. En una hoja veo apuntados con letra escrita a máquina los títulos de las tesis que habré de exponer por escrito. Cobraré alrededor de los doscientos euros por cada ensayo (en el sueño ese dinero supone una cantidad mucho mayor que en la realidad). Lo cierto es que estoy contentísimo, ya que este trabajo supone el primer encargo oficial en mi profesión de escritor. Sentados ante una mesa seguimos hablando. Le inquiero más a Ángel sobre las condiciones de este servicio que prestaré. Él me preguntará que para cuándo calculo que tendré terminada la tarea encomendada. No sé responderle con exactitud.

Al parecer, después del encuentro con Ángel, veré a mi madre, pero ya no recuerdo ningún detalle. Más tarde (o quizá antes) me hallo en la playa, cerca del paseo marítimo, manteniendo una especie de aventura amorosa con una chica indefinida. Unos metros más allá aparece una pareja en un momento amatorio. Ella es Rosaura, la protagonista de la telenovela "Gata salvaje", que está tumbada encima de su amado, besándole apasionadamente. Él es Luis Arismendi, el personaje de la serie encarnado por Mario Cimarro, que llevaba mucho tiempo sin asomarse en escena, prácticamente olvidado. Ambos están semidesnudos. Los pechos de Rosaura flotan en el aire. Son unos senos muy feos, alargados como un vaso de tubo (como ojos telescópicos de caracol), duros como una piedra, sin flexibilidad. Esta visión de sus mamas me produce desilusión y desinterés inmediato. También por los alrededores circulan Ras y su novio. Desde la distancia hay flirteos silenciosos con ella.

Cambiamos de escenario. Estoy en el salón de nuestro antiguo piso de Alcorcón, ante la biblioteca, hojeando las enciclopedias en busca de información de todo tipo, incluyendo formas de vestir, sobre los siglos XI, XII y XIII, para realizar mi labor ensayística encomendada. Coincido un instante en el cuarto de baño del citado piso de los Hábitats con mis padres y muy entusiasta les comunico mi requerimiento literario, además de otro similar que me ha surgido. Luego, no sé cómo, cuando preciso intimidad para realizar mis inexcusables necesidades, el aseo se llena de unos cuantos niños, mocosos impertinentes que me costará echar -el pasillo que da al w.c. está extrañamente conectado con la calle, con lo que la vivienda no deja de tener un carácter público desde el principio-. Al fin consigo mi necesario aislamiento y sentado a la taza del váter comienzo a hacer de vientre. Mas, mientras defeco, Ras (que pasa ya de su novio) emerge a través del resquicio de la puerta entreabierta, contemplándome muy amartelada y orgullosa por mis logros como escritor, sin importarle los más mínimo mi humillante situación actual, justo en plena evacuación, cuando tengo literalmente la mierda pegada a mis posaderas. Su pasión me reconforta mucho, aún a pesar de lo profundamente incómodo que me siento siendo observado en un interludio tan desventajoso y escatológico. Aún así cruzamos palabras, como si tal cosa.

La siguiente secuencia tiene lugar en una enorme, vieja, destartalada y abandonada sala palaciega en la que me oculto porque me persiguen un par de enemigos o rivales, uno gordo y otro flaco. Intento cerrar el añejo portón de madera incrustado en la pared opuesta a los pequeños ventanales. Su cerrojo es enorme, hay que tirar primero de una larga barra que cruza la cancela, hasta que llega a su tope; entonces hay que apretar un resorte en sentido transversal para fijar el grueso pestillo. Y ya estoy a salvo de intrusismos varios, ya puedo jiñar a gusto. Al cabo, mis dos acosadores logran localizarme. Se sirven de una propulsada bala de cañón que atraviesa la pared del exterior dejando un amplio boquete para poder adentrarse en mi improvisada fortaleza. Yo me he escondido rápidamente debajo de una enorme montaña de hojas de periódico esparcidas por el suelo, pero me me descubren presto. Uno de ellos, el orondo, semejante a Carapolla, indica que huele mal aquí, mientras husmea con las napias e intenta detectar el penetrante aroma. "¿No será...?" -interroga amoscado-. Pues sí, es el tufo de una cagada delatora lo que se está colando por sus narices. Se queda muy perplejo de que haya aflojado mis intestinos aquí.

Ahora mis rastreadores, que de manera ansiosa y agresiva iban a mi zaga, se han convertido en aliados. Juntos tendremos que hallar el modo de salir de aquí, evitando a nuestros inciertos adversarios.


El libro de los sueños del autor José Martín Molina
Narración perteneciente a la saga de relatos "Sueños" (Tomo II) del escritor José Martín Molina. Ahora disponible el primer tomo, tanto en formato libro como en formato eBook.

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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
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