19 junio 2013




Sueño (233) perteneciente a la saga Sueños (Tomo II) de José Martín Molina


(233) Lucha a muerte contra cuatro vehementes admiradores de la novela Penetraciones

Montaña grandiosa blanca junto a un lago y la lucha feroz contra unos asesinos-violadores
Deambulo por el espacio externo de algo similar a la terminal de un aeropuerto. Me rodean unas pocas personas. Un tipo viene corriendo hacia a mí. Entusiasta me hace algunos comentarios sobre mi novela "Penetraciones". Al poco estoy reunido con este personaje y otros tres o cuatro desconocidos en una gran mesa redonda ubicada en el centro de un restaurante semi-lujoso con iluminación velada (tipo "Vips"), que pertenece al entramado urbanístico de las grandes instalaciones de este aeropuerto. Mis cuatro acompañantes hablan sin parar y con euforia de mi novela -descubro que todos la han leído y recuerdo cómo hace unos días se me apuntó una venta de un ejemplar, seguramente realizada por alguno de mis interlocutores-, evocando capítulos que han disfrutado sobremanera, episodios con los que se han reído muchísimo. Los cuatro han elevado mi libro "Penetraciones" al grado de auténtico artículo de culto. Veneran abiertamente la novela. Se ha convertido, en poco tiempo, en una narración mítica y referente en sus vidas. A mí tanta pasión me entusiasma y gozo enormemente escuchándoles, orgulloso como un pavo real. Eva permanece a mi lado, muy feliz y satisfecha con mi éxito fulminante con estos lectores.

Después, mi chica y yo, accedemos a que nuestros incondicionales adeptos nos lleven al centro de la ciudad en su coche. En pleno viaje automovilístico me fijo en que nos estamos desviando de la ruta apropiada. Subimos alrededor de una montaña grandiosa y pelada. Detendrán el vehículo en lo alto de un montículo. Salimos del coche. El paisaje es fabuloso. Un inmenso lago se despliega a nuestros pies, desde la cumbre se ve espléndido y sereno como un espejo. La cordillera que nos rodea y el mismo suelo que pisamos tienen un mágico color blanquecino, despejado y brillante, teñido con un resplandor casi idéntico al de la nieve.

Nuestros guías nos mostrarán una trampilla al levantar una tapa de la superficie. Es como un pequeño pozo excavado en la roca, a modo de cámara secreta. Enteramente confiado estoy dispuesto a ser el primero en descender por los peldaños de hierro incrustados en la pared del agujero. Mas me detengo de pronto. Una ligera sospecha me ronda. Uno de ellos, ante mi vacilación, me enseñará que en la parte superior de la cilíndrica oquedad, levantando otra cubierta, se halla camuflado otro túnel muy estrecho, transversal al primero, por el que apenas cabe una persona arrastrándose. Un recóndito espacio ideal para enterrar personas... ¡y es entonces cuando comprendo!

Nuestros cuatro anfitriones son, ni más ni menos, que unos peligrosos asesinos-violadores que la policía anda buscando por todas partes. Ellos sonríen entre malévolos y cordiales ante mi revelación, asintiendo sin el más mínimo pudor, como asegurando "¡así es!".

Sin transiciones nos encontraremos a continuación en una especie de siniestro garaje soterrado. Afronto mi destino con total parsimonia, con una tranquila heroicidad: habré de enfrentarme yo solo con mis cuatro adversarios en una lucha desigual, a muerte, con todas las trazas de perder la batalla. Sólo me queda vender caro mi pellejo.

Comienza su ataque, por turnos, uno detrás de otro. A intervalos estaré armado con una rígida vara de acero. Consigo esquivarles en las primeras acometidas. La pelea será silenciosa y feroz. Para mi tranquilidad dejarán intactas y al margen tanto a Eva como a otra indefinida chica que ha surgido de la nada (puede que una admiradora mía). Menos mal, porque me temía que hicieran todo tipo de aberraciones con las mujeres. La mortal batida sigue. Forcejeando y reculando, en breve lograré matar a uno de ellos, uno rubio, asestándole dos certeros golpes. Casi me sorprende lo fácil que ha sido acabar con él. Ya sólo quedan tres. Va a ser difícil despacharme a otro de ellos, un japonés experto en kárate, imbatible, que conoce perfectamente dónde asestar acertadamente para dejar fuera de combate a cualquiera. No sé cómo, mas otro de los agresores ha caído, quizá aniquilado erróneamente por el nipón experto en artes marciales. Sólo restan dos. A denuedo me defiendo de las embestidas del asiático que me acorrala en unas descendientes escaleras. Para mi sorpresa, repentinamente, el cuarto enemigo se transforma en mi aliado y traicioneramente despachará al invencible karateka. Con lo que la letal refriega termina. Estoy a salvo. Prueba superada. Respiro aliviado.


El libro de los sueños del autor José Martín Molina
Narración perteneciente a la saga de relatos "Sueños" (Tomo II) del escritor José Martín Molina. Ahora disponible el primer tomo, tanto en formato libro como en formato eBook.

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