11 julio 2013




Sueño (235) perteneciente a la saga Sueños (Tomo II) de José Martín Molina


(235) El joven anfitrión andaluz

Fiesta en la casa de un joven andaluz adinerado
Espero en la parada de un autobús de una localidad andaluza a la que al parecer nos hemos trasladado. En breve llegará el bus y me subiré, mas no tardo en darme cuenta de que el vehículo, al girar y adentrarse por unos suburbios de edificios bajos, hace el recorrido en sentido inverso. Con lo que me veo dando la vuelta a toda la ciudad durante más de una hora hasta volver al mismo punto. Me apearé y corriendo, para no perder el transporte correcto, emprendo el camino de regreso. En seguida arribo a la parada inicial que se halla bajo un puente de carretera. Pensándolo bien el alojamiento está cercano, por lo tanto se podría ir andando. Gracias a un GPS en tres dimensiones que traigo conmigo es muy fácil orientarse. Es más: puedo ver a la perfección los itinerarios, transitarlos visualmente como si fueran del todo reales, antes de franquearlos.

Aparezco en la enorme casa de un estudiante universitario andaluz. Se trata de un chalet con múltiples pisos. Cerca de la entrada se encuentra la cabina de un pinchadiscos que hará sus funciones de deejay durante la fiesta que se celebrará esta noche. Curiosamente la cabina es su habitación, muy desordenada, con la estrecha cama empotrada al fondo. Toquetearé sus cosas con algo de indiscreción. En un monedero introduzco un billete mío de 2.000 pesetas entre otros billetes idénticos, y él lo ve, sin darle la más mínima importancia. No sé por qué he hecho esto, pero saco ipso facto mi dinero, no sea que me tomen por un ladrón.

Después me reúno con el anfitrión y sus invitados, que están inmersos en los preparativos de la fiesta nocturna. Les acompañan unas pocas jovencitas. Para ganármelos les contaré el secreto para ligar en las fiestas. Les explico que hay que permanecer en la cocina, al margen de las chicas, sin entablar conversación con ellas, ignorándolas; conforme vaya acabándose la fiesta, las muchachas estarán muy intrigadas con el único que no les ha prestado atención ni pleitesía; ese es el momento de atacar. Aprueban con sorpresa y admiración mi técnica. Mientras charlo locuaz con ellos ya me estoy rellenando la tercera copa, sacando los hielos de una nevera que reposa en el salón. Me despido del joven dueño hasta la noche, cuando retorne al festivo convite. Al atravesar un patio cubierto descubro una atrayente y refrescante piscina. Genial, que no se me olvide traerme el bañador, el de los barquitos azules.

Tras un instante en mi nueva incierta morada me presento otra vez en la mansión del estudiante de manera puntual para disfrutar de la fiesta. El grupo será reducido, apenas unos cuantos amigos del chico, todos universitarios. Yo me integro con facilidad, acoplándome sin miramientos, casi con descaro. Tengo que disimular para que no descubran que les doblo en edad: ellos rozan la veintena, yo ya paso de cuarenta. Sin embargo todos creen que soy de su quinta.

Hay un capítulo en que portando algo aparatoso, quizá cajas con botellas, subo tres tramos de escaleras, pero resulta que en los recodos no hay escalones, faltan los correspondientes tres escalones en curva, creándose un vacío ilógico y peligroso. Todo un nefasto capricho arquitectónico que me obliga a hacer malabares para no escoñarme, cargado como voy, al cambiar de tramo. Hay otro episodio en que buscando al anfitrión por los pisos de arriba, termino encontrándole en una buhardilla junto a un montón de niños y niñas pequeños, probablemente hermanos suyos. De modo paternal me pongo a jugar de inmediato con los peques, extrayendo algunos juegos de mesa.

La velada estudiantil continúa. No hay tías. Parece más una tranquila reunión colegial que un fiestorro. De hecho llevamos aquí unas tres horas y aún no hemos empezado a beber. Esto requiere remedio inmediato, según sugiero, y para dar ejemplo me sirvo el primer copazo. Algo más tarde el anfitrión -está claro que pertenece a una familia de mucho dinero- cae en la cuenta de que no dejo de ser un intruso y querrá saber de mí. De forma esquemática le voy relatando los capítulos de mi trayectoria: cuando inicié la carrera de arquitectura para abandonarla después y dedicarme a la actuación, que a su vez sustituí por el diseño... etcétera. Me inventaré una labor actual -ya no recuerdo el nombre-, eludiendo el contar que soy escritor. Él se mostrará interesado por mi tarea ficticia y me preguntará algo específico que no tengo ni idea de cómo contestar, así que derivaré la conversación hacia otros temas. Dado mi dilatado currículum queda en evidencia, aunque lo expreso deprisa y corriendo, que tengo más edad de la que aparento...


El libro de los sueños del autor José Martín Molina
Narración perteneciente a la saga de relatos "Sueños" (Tomo II) del escritor José Martín Molina. Ahora disponible el primer tomo, tanto en formato libro como en formato eBook.

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