27 agosto 2013




Sueño (243) perteneciente a la saga Sueños (Tomo II) de José Martín Molina


(243) De aquí para allá

Una abstracción cubista de Elizabeth Pasos como imagen para ilustrar el sueño De aquí para allá
Lo que he podido rescatar de este sueño son situaciones y lugares que se yuxtaponen como en un rompecabezas. Lo primero que recuerdo debe de ser algo relacionado con un estadio de fútbol. Unos instantes previos al comienzo del espectáculo -se oye el rugir de la audiencia- yo ando con inciertos preparativos en pasillos y salas enterradas del recinto. Después habrá un largo deambular por calles nocturnas y bares de copas junto a Eva. Terminaré borrachísimo y con una amnesia casi total -apenas vestigios deshilachados- de todo lo ocurrido durante la noche. Lo último que rememoro es el momento de alzar una copa y dar un trago al tercer cubata. A partir de ahí estaré completamente beodo. Eva permaneció siempre conmigo en mi vagar de bar en bar. Cuando despierto tras la tremenda tajada, me hallo en una revuelta cama de matrimonio, en una especie de sala de estar perteneciente a un piso compartido con mucha gente en el que vive Eva (que ha sido quien me ha traído aquí). Busco mi ropa para vestirme y marcharme, que hay mucho que hacer. Mas no encuentro una de mis botas militares. Tras un rato de búsqueda localizo mi calzado mucho más allá. La bota está muy resquebrajada por encima del tobillo, a punto de desligarse la parte baja de la parte alta. De momento sigue sirviéndome, aunque quizá no por mucho tiempo.

Surge un circunstancia aislada en que ayudo a una chica, que también vive en este laberíntico inmueble, a esconder unos cuantos billetes de dinero. Atravesamos una habitación, parecida a un aula universitaria, donde hay una reunión de unas quince personas, discutiendo y organizando. Pasamos disimuladamente junto a ellos y nos adentramos en el dormitorio contiguo, amplio y muy atestado de cosas. Ocultaremos el dinero en un par de repletos cajones de escritorio.

Ahora, en las primeras horas del amanecer, recorro con premura y algo de fastidio las calles del extremo del barrio madrileño de los Austrias, supuestamente camino de mi hogar (coyuntura que ya se ha repetido con anterioridad en alguno de mis sueños). A los pocos pasos me junto en la caminata junto a un orondo conocido y mis dos amigos Javi J. Palo y David García Palencia. En seguida me cruzo con Tanya -que exhibe su rubia melena abundante de siempre- y los dos, iniciando la posibilidad de un idilio, nos alejamos, cambiando de rumbo, y nos internamos por otros derroteros, en un entramado de callejuelas llenos de locales de copas, con lo cual, de nuevo, es de noche. Tanya se resiste a que nos enrollemos, ya que tiene remordimientos de cara a fallarle a su marido. Mientras tanto continuamos con nuestra celérica andadura, yo me dejo llevar. Pasamos a través de un estrecho bareto abarrotado de gentío que tiene otra salida al final. Pero justo antes de la puerta hay un grupo de unos cinco tiarrones rapados casi al cero. Son de ultraderechas y seguro que podría tener problemas con ellos por mi aspecto apuesto de pelo encrespado. Así que reculo, decido no tentar a la suerte. Al cabo cambio las tornas y resuelvo avanzar (Tanya me espera al otro lado). Como era de suponer, es verme y los fachas se levantan para atacarme. Rápido salgo fuera entre ellos para que me sigan. En una precipitada confusión, a base de sortearles y usar el factor sorpresa para darles unos certeros golpes, en pocos segundos acabo por reducirles y ponerme a salvo. Una vez junto a Tanya me asaltará otro nazi que viene de enfrente. Lleva gabardina, es gay y es chino. Con facilidad le dejo fuera de juego y le increpo violentamente porque es un contrasentido total que sea racista siendo al mismo tiempo chino y homosexual. Le insulto y le llamo "¡Gay!".

Ya despejado el horizonte de indeseables, tras unos pasos, detengo a Tanya junto a una pared, agarrándola por las solapas de su clásico abrigo marrón oscuro. Nos miramos fijamente. De frente, con su rostro tan cercano al mío, casi pegado, la contemplo y está guapísima, trasluce una belleza intensa e inexplicable. A pesar de que aún manifiesta vanas pegas, termina cediendo y nos damos un beso. Y luego otro. Besos cortitos y tiernos, sin excesiva pasión. Su sabor es extraño, sin embargo me resulta agradable.

En último término (si no me equivoco) emerge otro agitado, enrevesado y difuso capítulo de idas y venidas. De este ajetreado lapso sólo he podido rescatar un fragmento en el que estoy cagando sentado a la taza de un váter dentro de una estancia muy similar a la saturada trastienda de una tienda de ropa situada en un piso bajo. Con trapos y cachivaches por todas partes. He concluido mi deposición cuando aparece el dueño del habitáculo. Estoy deseando que se largue para limpiarme el culo convenientemente. Para conseguir mi objetivo esbozo varias maneras de persuadirle a que abandone con urgencia el sitio y se pierda por el pasillo que da al vestíbulo.


El libro de los sueños del autor José Martín Molina
Narración perteneciente a la saga de relatos "Sueños" (Tomo II) del escritor José Martín Molina. Ahora disponible el primer tomo, tanto en formato libro como en formato eBook.

ver más información sobre el libro Sueños (Tomo I)
adquirir el libro en España y Europa
adquirir el libro en Argentina
adquirir el libro en México
adquirir el libro en Colombia
comprar eBook en Amazon.com
comprar eBook en Amazon España


Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com . Se agradece la visita!
Related Posts with Thumbnails

2 comentarios :

  1. Muy entretenido. Creo que aunque revestido de aspectos surrealistas (por eso es un sueño) tiene visos de realidad. Me he quedado pensativa con eso de los besos cortos y tiernos, sin excesiva pasión, de sabor extraño, pero agradable. No está mal.
    Un abrazo!

    [permalink]

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí que el sueño es un poco enrevesado. Otros que tengo son más directos. Los besos eran bastante indescriptibles... Yo mismo me he quedado sorprendido. Abrazo, Adela!!

      Eliminar