29 septiembre 2013




Sueño (253) perteneciente a la saga Sueños (Tomo II) de José Martín Molina


(253) El matrimonio de conveniencia, la amante y el trabajo
Un matrimonio de conveniencia, una amante y los eternos asuntos laborales
Tras un una larga temporada sin vernos ni saber el uno del otro, coincido con Irene y sin más nos casamos, en plan rápido, sin apenas haberlo hablado. La ceremonia es un visto y no visto, casi sin testigos. Por lo que a mí respecta este matrimonio obedece sobre todo a un plan estratégico mío. Después estaré con ella en su chalet. Nos acompañará su madre y también su hermano o hermana (quizá estén presentes los dos hermanos). Me entero de que su padre murió. Les explico lo que puedo aportar para pagar el alquiler, que serán entre 450 y 600 euros mensuales. La familia de Irene está más que satisfecha con mi contribución económica. Podría decirse que es el dinero, el interés monetario, el que nos une. (Luego repararé en que he de apoquinar por otro lado para mi propio alquiler, con lo que, al final, tanto gasto va a suponerme un tremendo esfuerzo. Por lo pronto no me arredro. ¡Ya veremos cómo salgo a flote!).

Irene me pregunta por mis ansiedades, si serán un obstáculo. Vengo a decir que esté o no esté ya no es algo que importe, pues lo prioritario es atender a mis obligaciones y tirar para adelante. Valiente en este sentido, voy a tener que desplazarme mucho, coger autobuses para volver desde Algete, idas y venidas por el centro de Madrid, Alcobendas y Pozuelo de Alarcón. Durante unos instantes me veo de aquí para allá, de un lado para otro, en las calles, ajetreado con múltiples asuntos, sin problemas, sin aprensiones. Muy ocupado, como una "persona mayor".

Al cabo me hallo con Irene y su familia en una especie de juzgado. Le aclaro a mi nueva esposa que algunas noches las pasaré en mi vivienda, con los míos, para cuidar de mi padre, ya anciano, o de mi hermana, entre otras cosas. Ella acepta sin contravenirme. Mientras yo corresponda y cumpla con mis aportaciones parece que asumirá mis condiciones sin poner trabas. Estupendo. En realidad, lo de ausentarme de vez en cuando por la noche para estar con mi familia es una tapadera. Necesito libertad de movimientos porque estoy saliendo con otra chica (muy similar a Sonia López Julien), que es con quien debería haberme desposado y no con Irene. Eso hubiera sido lo lógico, pero de cara a mis planes manda el carácter burgués de Irene. Según lo natural, Sonia, por su tranquila y estable forma de ser, debería haber sido mi cónyuge, e Irene cumplir la función de la amante, por su apasionada y veleidosa naturaleza.

A continuación me escabullo del juzgado poco antes de que entre Sonia con su madre y así evito que me vean junto a Irene y los suyos (entre ellas no se conocen). Mi idea es descubrir un puesto privilegiado desde donde tener localizadas a mis dos chicas sin ser visto. Y reunirme con Sonia sin ser sorprendido por mi familia política. Recorro los distintos edificios y patios, siempre vigilante y con cautela, de este conglomerado urbano que se extiende a través de una gran superficie (ora más pequeña, ora más grande), que encadena negocios como si de unos grandes almacenes se tratase, con reminiscencias claras y reales en algunos momentos al Colegio Alemán de Madrid de la calle Concha Espina. Desde el alto del hall principal vislumbro a Sonia, siempre secundada por su madre cincuentona, mas aún es arriesgado dejarme ver. Hay que aguardar una mejor ocasión para tener la seguridad de no ser desenmascarado.

A todo esto, en una gran plaza abierta, muy extensa, sin límites claros, me encuentro con Valentín y uno de sus colaboradores. Me reclaman y me avisan de que estoy atrasándome en mis tareas laborales. Se han acercado sentados sobre una suerte de pequeños coches de juguete con un funcionamiento afín al de un monopatín. En cuanto me han pegado el toque se marchan en los mismos pintorescos vehículos. Yo les sigo montado en otro cochecito-monopatín análogo, avanzando muy despacio, con lo que ellos se distancian y acaban siendo un par de diminutos puntos en la lejanía. Quizá si me doy más impulso inicial, este chacharro vaya más rápido -pensaré-. Al principio el curioso artefacto coge más velocidad, aunque acaba por disminuir la aceleración cada vez, por mucho que empuje con mis pies.

Y ahora reculo, abandonando el coche-monopatín y yendo a pie. Son cerca de las dos de la tarde y pese a que voy retrasado en lo del trabajo, a lo mejor aún tengo tiempo de ver a Sonia antes de retomar el currele.


El libro de los sueños del autor José Martín Molina
Narración perteneciente a la saga de relatos "Sueños" (Tomo II) del escritor José Martín Molina. Ahora disponible el primer tomo, tanto en formato libro como en formato eBook.

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