12 septiembre 2013




Sueño (247) perteneciente a la saga Sueños (Tomo II) de José Martín Molina


(247) Terapias deportivas y una cena fabulosa

Jugando al baloncesto como terapia de energías positivas
Me apunto a hacer una singular terapia con Oliva González, que es quien me adiestrará. Consiste en practicar una liberación de sentimientos negativos, ocultos, desconocidos, a través del sencillo método de jugar al baloncesto. Así, en una cancha de asfalto, en un apartado solar próximo a un parque, tiro a canasta junto a Oliva y otro chico. Les comentaré que hacía mucho tiempo que no hacía deporte. Nuestro acompañante desaparecerá, visto y no visto. Lo bueno de esta terapia es que puedo ejercitarla yo solo. Estupendo, yo encantado, siempre me divierte echar unos tiritos al basket.

A continuación, en el mismo lugar, juego al fútbol, probando y entrenando chutes rasos a puerta, incluso disparando con la pierna izquierda, con la que soy poco hábil. Curiosamente el balón, tras rebotar con los laterales del recinto, siempre me vuelve al pie. Estoy yo solo dándole patadas a la pelota, aunque a mí y a mis dos acompañantes, dos chicas que conozco de algo, nos rodea gente, probablemente chiquillos y adolescentes. Ellas charlan cerca, de pie o sentadas en un banco, que es precisamente el banco que hace de portería, en concreto el hueco de abajo, entre las patas de hierro.

Más tarde me hallo en mi vivienda, que esta vez se materializa en el antiguo pisito minúsculo de la corrala de la calle de Peña de Francia, donde viví hace años. Me visitan dos chicas entre que yo ando atareado en la estrecha cocina, frente al fregadero, que ocupará el lado contrario al de la realidad. Quizá he fregado los platos o los estoy recogiendo. Preparándome para salir a dar una vuelta.

Nos internamos un nutrido grupo de camaradas en un restaurante a la hora de la cena. Seremos alrededor de la veintena. Cuando llego están ya casi todos los asientos cogidos. Vaya, tendré que sentarme en un extremo, en un ala de la mesa dispuesta en forma de "e". Mi intención era colocarme al lado de alguien animado y chistoso, y no aquí, apartado, junto a un par de tíos poco comunicativos. Pero tampoco importa, ya que desde este sitio controlo visualmente a todos, y también puedo, subiendo el tono, llevar una de las voces cantantes. Luego estaré sentado en una posición más central, junto a una chica rubia y bien gorda. Me mostraré muy divertido y ocurrente, y mi obesa compañera se reirá mucho con mis salidas. Todo parece indicar que la gordita está encandilada conmigo.

En un recodo de la mesa (o tal vez en una esquina de la barra) está presente mi amigo David Pastor, que ha traído consigo, al igual que otros de los asistentes, un plato de comida. Nos lo muestra y es un cuenco plano de barro cocido que contiene... ¡¡larvas!! Sí, larvas vivas. Se ve perfectamente cómo se mueven, lenta y espasmódicamente. ¡Qué horror, qué asco! No me siento capaz ni de mirarlas detenidamente, a pesar de que lo intento, mas siempre tengo que apartar la vista bruscamente movido por la repugnancia. Yo esto ni lo pruebo, por mucho que estén asegurándome que dichos gusanos son una exquisitez. Hay otro par de chicas que se escandalizan como yo al contemplar las malditas larvas diminutas y blanquecinas. Se componen de un apéndice central del que salen cuatro cortas extremidades pegadas a modo de bultitos en uno de los costados. Es realmente asqueroso.

La juerga, el alboroto, la distensión, el buen rollo, se desarrollan de manera divina y muy entretenida. Dentro de nuestra congregación también contamos con la impagable presencia de Morrison "El Magnífico", que en un momento dado, a dúo con otro tipo asimismo vestido de rocker, se levantará y ambos entonan una curiosa y amena canción. Todas las mujeres de nuestra velada se quedan sorprendidísimas con el improvisado momento musical y las inesperadas cualidades de nuestro querido Morrison. Claro, explicaré, es que los dos también son músicos.

Si bien al principio nuestra reunión estaba constituida por chicos y chicas a partes iguales, ahora sólo somo tíos. Los primeros, dadas las horas avanzadas, están comenzando a emigrar ya. Yo indicaré que todavía no me voy, que siempre permanezco hasta el final de la fiesta. Los más juerguistas me confirman que aún queda noche por delante y que puedo contar con ellos para explayarme a gusto. El caso es que ya llevo tres copas encima y estoy bastante achispado. Y ando dispuesto a tomarme otra copa, pese a que mañana madrugo para trabajar. Pero, puede que por prudencia, por lo pronto no me pido la cuarta consumición. Se produce una nueva estampida general, escalonadamente la mayoría decide irse. Esta vez yo también haré lo mismo, así que me despido. Sobre todo de Morrison, que continuará la jarana. Muy en serio, con intención, le recalcaré: "¡Cuídate!, que si no ya sabes lo que te pasa". Él, con la guasa del que no tiene remedio, me responderá: "Me cuidaré al menos un mes". Afirmo que un mes es tiempo suficiente para reponerse de un montón de cosas.

Antes de marcharme haré mención de mi miedo, que ya ha asomado un par de veces a lo largo de la estupenda parranda, a que me hayan robado en mi casa (el piso de la corrala anteriormente citado) durante mi ausencia. Se trata de un fuerte presentimiento que tengo. No obstante apenas me preocupa el asunto, y puede, además, que me equivoque; y lo que intuyo como fatal certeza sea sólo una aprensión más o menos casual.


El libro de los sueños del autor José Martín Molina
Narración perteneciente a la saga de relatos "Sueños" (Tomo II) del escritor José Martín Molina. Ahora disponible el primer tomo, tanto en formato libro como en formato eBook.

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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
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